Sin ningún plan concreto para la Nochevieja, ante la alternativa de quedarnos Pedro y yo solos en casa, aceptamos la invitación de mi hermana de cenar en el campo con mi madre, mi hermano y mi cuñada. Como creo que alguna vez te he comentado, paso de atragantarme con las dichosas doce uvas y desde hace unos años las sustituyo por doce sorbitos de cava que, al fin y al cabo, también está hecho de uvas, ¿no? La tradición que sí seguí fue la de la ropa interior roja. Tonterías, sí, pero tampoco cuestan tanto y forman parte de la fiesta.
Pasada la una, nos volvimos a casa. Vimos luz en el garaje de nuestros vecinos Leonardo y Verónica y fuimos a felicitarles el año. Les acompañaban Estefanía, su marido Tamayo, y Miguel Ángel. Éste fue a su casa a por una guitarra y lo acompañamos cantando a berrido limpio. Menos mal que con la puerta del garaje bajada no se nos oiría afuera. Nos lo pasamos muy bien y desde aquí agradezco la hospitalidad de nuestros amigos.
Os dejo con las primeras fotos de 2010.
Feliz año nuevo 2010! Nosotros tampoco acostumbramos las uvas, tal vez cuando niños lo hicimos con mis padres.
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