No recuerdo si alguna vez les he platicado sobre mi mascota, mi gato de nombre Kivu, quien ya es un miembro de la familia Díaz López, después de permanecer por 14 largos años en ella (en realidad 14 años y 8 meses, ya casi es quinceañero). Lo traigo a colación porque en días pasados enmezó a maullar muy raro y dejar de comer, en un principio pensamos que ya estaba en sus últimos días (me dicen que llegan a vivir 16 años a lo mucho). De inmediato lo llevé al veterinario quien después de un chequeo minucioso dió por diagnóstico que tenía gingivitis (encias inflamadas). Le aplicaron un par de antibióticos y ha quedado como nuevo, creo que exageradamente mejor pues desde entonces come mas (casi el doble que lo hacía). Kivu llegó a mi casa a los 6 meses de casado con Aymé, a petición de ella que me pidió una mascota porque esperaríamos para encargar familia (Vivi llegó a los dos años), pero al vivir en un pequeño departamento en un segundo piso, lo mas apropiado era un gato y desde entonces ha pasado con nosotros casi 14 inviernos (ya en diciembre). Yo tuve en mi infancia dos perros, pero no era muy afecto a los gatos pero este que hoy tenemos es bastante tranquilo (está operado), casero y nada agresivo, por eso creo que ha permanecido tanto tiempo, las niñas lo adoran y lo hacen como quieren. Lo único que nunca he aceptado es que permanezca dentro de la casa, entra de vez en cuando, pero vive tranquilamente en el patio.
Los componentes de este blog somos un grupo de amigos dispersos por el mundo que charlamos de lo divino y de lo humano. Desde el respeto y la buena educación, nuestras posturas coincidirán a veces, mientras que otras divergirán totalmente. Sin tratar de imponerlas a los demás, cada cual se responsabiliza de sus propias opiniones. Si alguien desea excluir de él una imagen con derechos de autor, por favor, envíeme un correo y será eliminada de inmediato. Sed todos bienvenidos.
jueves, 27 de octubre de 2011
No recuerdo si alguna vez les he platicado sobre mi mascota, mi gato de nombre Kivu, quien ya es un miembro de la familia Díaz López, después de permanecer por 14 largos años en ella (en realidad 14 años y 8 meses, ya casi es quinceañero). Lo traigo a colación porque en días pasados enmezó a maullar muy raro y dejar de comer, en un principio pensamos que ya estaba en sus últimos días (me dicen que llegan a vivir 16 años a lo mucho). De inmediato lo llevé al veterinario quien después de un chequeo minucioso dió por diagnóstico que tenía gingivitis (encias inflamadas). Le aplicaron un par de antibióticos y ha quedado como nuevo, creo que exageradamente mejor pues desde entonces come mas (casi el doble que lo hacía). Kivu llegó a mi casa a los 6 meses de casado con Aymé, a petición de ella que me pidió una mascota porque esperaríamos para encargar familia (Vivi llegó a los dos años), pero al vivir en un pequeño departamento en un segundo piso, lo mas apropiado era un gato y desde entonces ha pasado con nosotros casi 14 inviernos (ya en diciembre). Yo tuve en mi infancia dos perros, pero no era muy afecto a los gatos pero este que hoy tenemos es bastante tranquilo (está operado), casero y nada agresivo, por eso creo que ha permanecido tanto tiempo, las niñas lo adoran y lo hacen como quieren. Lo único que nunca he aceptado es que permanezca dentro de la casa, entra de vez en cuando, pero vive tranquilamente en el patio.
Forman parte de la familia. El 19 de agosto perdía a mi perra Kim, me ha acompañado durante los últimos 8 años. Con su comportamiento me enseñó que era más agradecida que muchas personas. Si existe el cielo para las almas de los humanos sé que allí estará junto con muchos otros perros, porque recuerdo un anuncio que decía "él nunca te abandonaría".
ResponderEliminarAsí es, gracias por tu comentario Ana.
ResponderEliminarSe le coge cariño a las mascotas. Yo tenía una gata en Agost y al atropellarmela un coche, sufrí bastante.
ResponderEliminarCreo que poco puedo aportar a lo que habéis dicho cuando veis que la foto de Otto preside el blog. Qué listo que es. Como de alguna manera sabe que no me puedo agachar a acariciarlo, se sube a una silla para estar a mi altura y de allí salta a mí para que lo tenga más cerca.
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