jueves, 9 de junio de 2016

Un acompañante de lujo



Sinopsis:
Todo el mundo hablaba de él... ¡y no siempre bien!
El acompañante más descarado y popular de la sociedad, Nicholas D Arcy, era conocido por su absoluta discreción. Así que, cuando se vio acusado por un marido celoso, aceptó a regañadientes un trabajo en el campo… ¡un destino peor que la muerte!
Annorah Price-Ellis no era a lo que Nick estaba acostumbrado; inocente, enérgica y definitivamente incómoda con la tensión que había entre ellos. De pronto, el amante más atrevido de Londres se encontraba fuera de su terreno y corría el peligro de dejar ver al hombre real que se escondía bajo su elegante fachada…

No recuerdo cómo cayó en mis manos el pdf de Un acompañante de lujo, de Bronwyn Scott, una novela de la editorial Harlequin, lo que ya dice mucho. Quizá la descargué porque el argumento me sonaba a las novelas eróticas de Robin Schone. Definitivamente bebe de ellas pero el tono es más suave, mucho menos explícito. La imita en el cansinismo y en lo repetitivo. Qué manera de darle vueltas a lo mismo una y otra vez, supongo que para llenar páginas. La historia de la heredera treinteañera rica en la época victoriana que contrata a un gigoló de lujo para que le descubra el sexo resulta poco verosímil, sobre todo la reacción de la muchacha tras el descubrimiento de la pasión. Tampoco es muy creíble el conflicto de fondo de esta chica que le impide disfrutar de su riqueza. Da igual. Al fin de al cabo, se trata de una novela romántica, donde se sabe que el trance encontrará un final feliz.

1 comentario:

carolina dijo...

El género se está renovando, pero la verdad es que echo de menos un poco más de rigor en la ambientación histórica: parece que las historias de amor suceden en un limbo que no tiene nada o casi nada que ver con lo que pasaba en la época. Tal vez sea mejor así, situarlo todo en una especie de mundo paralelo con escasas referencias históricas, pero se corre el riesgo de centrarse demasiado en los sentimientos y pasiones de los protagonistas y caer en la repetición, como muy bien apunta Conchi.