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martes, 25 de septiembre de 2018
Echo y Ansó
El lunes 10 por la mañana nos dirigimos a las localidades de Echo (también lo vi escrito con H) y Ansó, ambas catalogadas entre los pueblos más bellos de España. Son pueblos monumentales, cuya arquitectura popular es muy definida: casas cien por cien de piedra, calles empedradas y características fachadas y chimeneas, además de los geranios en sus balcones, lo que me recordó a nuestra amiga Mari Pau.
No discuto su belleza, pero estos pueblos medievales pirenaicos aragoneses son una tortura para los usuarios de sillas de ruedas: cuestas empinadísimas y, para colmo, con un empedrado horrible, que da miedo partirse la crisma si se engancha una rueda con una piedra.
No puedo echar la culpa a la dejadez administrativa, sino que ni la orografía del terreno ni las características de la arquitectura románica permiten mejorar el acceso.
Lo que me extrañó fue la escasa vida: tiendas y bares cerrados, lo nunca visto. Quizá tuvo que ver que acababan de terminar sus fiestas, no sé.





És que en setembre ja no hi ha tant de turisme
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