En esta imagen puede apreciarse cómo un enánago (ofidius vulgaris vulgaris) dilata su boca para poder dar buena cuenta de sus presas. A la hora de hacer una demostración práctica de dicho proceso hemos contado con la desinteresada colaboración de una amable rana que merodeaba por los alrededores y cuyas ancas vemos sobresalir de la dilatada boca de la culebrilla. Le estamos agradecidos de todo corazón por su aportación a la ciencia. Por cierto que el enánago también le agradeció su aportación, aunque en este caso a su magra dieta.
Esperando que lo hayáis encontrado interesante, nos despedimos hasta la próxima expedición.
Gracias por tu lección de biología. Esperamos la próxima edición de tus peripecias por el reino animal, "machus hispanicus" incluido.
ResponderEliminarCon el repelús que me dan los reptiles y demás bichos, nunca llegaré a ser ecologista, lo siento.