Viajar con un grupo de discapacitados es una aventura en sí misma pues puede pasar de todo con mayor probablidad que en otros. Afortunadamente, éste ha sido de los que nadie ha sufrido caídas, enfermedades y percances varios. Éramos casi medio centenar de personas, entre discapacitados, acompañantes y monitores, procedentes de diferentes puntos de España, con distintas discapacidades de origen variado, desde personas que a simple vista parecían “normales” hasta otras aun peores que yo. No conocíamos a ninguno de ellos, pero poco a poco, sin saber cómo, se fue produciendo un proceso de selección natural que llevó a que nos uniéramos con los que mayor afinidad guardamos. En esta ocasión trabamos amistad con un matrimonio cartagenero y su chaval, el de las poesías, otro matrimonio madrileño, otro catalán, unas chicas de Valencia y otra de Barcelona que estaba con su pareja. A la espera de coincidir en el futuro, al menos intentaremos mantener el contacto vía e-mail. Gracias a todos ellos por hacerme más agradable el viaje.
Los componentes de este blog somos un grupo de amigos dispersos por el mundo que charlamos de lo divino y de lo humano. Desde el respeto y la buena educación, nuestras posturas coincidirán a veces, mientras que otras divergirán totalmente. Sin tratar de imponerlas a los demás, cada cual se responsabiliza de sus propias opiniones. Si alguien desea excluir de él una imagen con derechos de autor, por favor, envíeme un correo y será eliminada de inmediato. Sed todos bienvenidos.
viernes, 2 de octubre de 2009
Mis compañeros de viaje
Viajar con un grupo de discapacitados es una aventura en sí misma pues puede pasar de todo con mayor probablidad que en otros. Afortunadamente, éste ha sido de los que nadie ha sufrido caídas, enfermedades y percances varios. Éramos casi medio centenar de personas, entre discapacitados, acompañantes y monitores, procedentes de diferentes puntos de España, con distintas discapacidades de origen variado, desde personas que a simple vista parecían “normales” hasta otras aun peores que yo. No conocíamos a ninguno de ellos, pero poco a poco, sin saber cómo, se fue produciendo un proceso de selección natural que llevó a que nos uniéramos con los que mayor afinidad guardamos. En esta ocasión trabamos amistad con un matrimonio cartagenero y su chaval, el de las poesías, otro matrimonio madrileño, otro catalán, unas chicas de Valencia y otra de Barcelona que estaba con su pareja. A la espera de coincidir en el futuro, al menos intentaremos mantener el contacto vía e-mail. Gracias a todos ellos por hacerme más agradable el viaje.
LOS VIAJES ADEMAS DE ILUSTRAR PERMITEN HACER AMIGOS
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