Ayer por la noche experimenté una sensación jamás sentida, mi hija Vivian (a sus 11 años) fue invitada a una quinceañera de la hermanita de una amiga de sus escuela y fue su primera salida sola a un evento social de ese tipo. Le compramos vestido y zapatillas y no me pude aguantar las ganas de tomarle fotos esa nocha antes de asistir al baile. A su mamá se le humedecieron los ojos y yo tuve que disimular no hacerlo (soy un sentimental sin remedio). Me tocó llevarla, el permiso sería de 8 a 12 de la noche, me bajé con ella y la entregué a la madre de la festejada y al verla entrar al salón me di cuenta que el tiempo pasó volando (apenas fue ayer cuando la recibí en mis manos en el parto de su mamá) y los hijos se nos escapan de las manos sin apenas darnos cuenta. Fueron las cuatro horas más angustiantes que pasamos Aymé y yo esperando a irla a recoger como a la Cenicienta antes de las 12. Búrlense me lo merezco por experimentar la paternidad en la adolescencia de sus hijos.
Los componentes de este blog somos un grupo de amigos dispersos por el mundo que charlamos de lo divino y de lo humano. Desde el respeto y la buena educación, nuestras posturas coincidirán a veces, mientras que otras divergirán totalmente. Sin tratar de imponerlas a los demás, cada cual se responsabiliza de sus propias opiniones. Si alguien desea excluir de él una imagen con derechos de autor, por favor, envíeme un correo y será eliminada de inmediato. Sed todos bienvenidos.
sábado, 20 de febrero de 2010
Y PASARON LOS AÑOS
Ayer por la noche experimenté una sensación jamás sentida, mi hija Vivian (a sus 11 años) fue invitada a una quinceañera de la hermanita de una amiga de sus escuela y fue su primera salida sola a un evento social de ese tipo. Le compramos vestido y zapatillas y no me pude aguantar las ganas de tomarle fotos esa nocha antes de asistir al baile. A su mamá se le humedecieron los ojos y yo tuve que disimular no hacerlo (soy un sentimental sin remedio). Me tocó llevarla, el permiso sería de 8 a 12 de la noche, me bajé con ella y la entregué a la madre de la festejada y al verla entrar al salón me di cuenta que el tiempo pasó volando (apenas fue ayer cuando la recibí en mis manos en el parto de su mamá) y los hijos se nos escapan de las manos sin apenas darnos cuenta. Fueron las cuatro horas más angustiantes que pasamos Aymé y yo esperando a irla a recoger como a la Cenicienta antes de las 12. Búrlense me lo merezco por experimentar la paternidad en la adolescencia de sus hijos.
Para empezar, Vivian está preciosa. Ya empieza a ser toda una señorita y más vale que Aymé y tú os hagáis a la idea de que va a crecer. Habrá que veros el día que comience a salir con chicos…
ResponderEliminarMe parece que fue exagerado que estuvieseis tan angustiados: al fin y al cabo, sabíais dónde y con quién estaba. Que conste que no es una burla. Quizá lo veo así desde la perspectiva de no tener hijos, no sé.
Por último, podrías explicar qué es una invitación a quinceañera. Ya sabes que en España no existe esa fiesta y quizás nuestras amigas del blog la desconozcan.
Vivian esta muy guapa.
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