Sinopsis:
Aladdin es un adorable pero desafortunado ladronzuelo enamorado de la hija del Sultán, la princesa Jasmine. Para intentar conquistarla, acepta el desafío de Jafar, que consiste en entrar a una cueva en mitad del desierto para dar con una lámpara mágica que le concederá todos sus deseos. Allí es donde Aladdín conocerá al Genio, dando inicio a una aventura como nunca antes había imaginado.
La película es el colmo de la espectacularidad, con tanto efecto, colorido y cosas poblando la pantalla que a veces llega a agobiar. Es la versión magnificada de la de animación, con algunas modificaciones. Para empezar, se nota el interés por la variedad racial, en un amplio abanico de colores y tamaños de nariz.
Por supuesto, el signo de los tiempos exige, por fin, que la princesa Yasmín adquiera un papel más activo y reivindicativo. Aladdin se parece al de los dibujos y Will Smith roba con su carisma azul las escenas en las que aparece, aunque no hace olvidar a Robin Williams y a Josema Yuste. He leído quejas sobre el cambio de letras de las canciones, que supongo que se deberá a ajustarlas a los movimientos de la boca de los actores; la verdad es que me da lo mismo porque la gracia estará en oírla en versión original. A esta vertiente musical hay que añadir la espectacularidad del vestuario, tan kitsch como los clásicos hollywoodienses de los años 50, en el que los aficionados a los Moros y Cristianos seguro que se inspiran. En fin, que todos salimos del cine contentos.


Lo siento mucho, pero me sigo quedando con la película de dibujos animados. Me temo que soy muy escéptica con los remakes.
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