jueves, 13 de agosto de 2026

Eclipse

 


Con las gafas reglamentarias compradas desde hacía semanas, por fin llegó el 12 de agosto, el día del cacareado eclipse total, aunque en esta zona no llegaría a tanto.

En buena compañía, provistas de merienda, subimos a la ermita desacralizada de san Pedro, punto elevado también elegido por más paisanos.

Vimos con asombro cómo el círculo solar iba siendo mordido con la apariencia de un comecocos. Llegado el momento culminante, en una localidad acostumbrada a presumir de sol, el guion dio un giro inesperado: justo cuando más falta hacía el cielo despejado, aparecieron las nubes.




Sí que notamos al menos la disminución de la luz, como si fuera una hora más tarde, acompañado de un descenso de temperatura, recuperadas ambas a los pocos minutos.

La experiencia no fue tan intensa como se preveía, pero siguió valiendo la pena. Esperemos que el año que viene, Dios mediante, sea mejor.




Incluso los habitantes del museo del Prado estaban entusiasmados con el eclipse.



De momento, descansamos,



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