El miércoles 11 era fiesta local en Agost, por lo que las Amas de Casa organizaron una excursión a Lorca, en la vecina comunidad murciana. Íbamos con la esperanza de que saliese bien, ya que hemos cambiado de agencia de viajes y teníamos confianza en que nuestras asociadas estuvieran contentas. Y se consiguió, por fortuna.
El día anterior estuvo lloviendo en Agost sin parar, noche incluida, y paró poco antes de la salida del autobús. Aunque Lorca nos recibió con el cielo algo encapotado, no tuvimos que usar chubasqueros ni paraguas. Antes de llegar, paramos en un área de servicio donde la guía nos ofreció empanadas, magdalenas, agua y vino. Era un chica muy pizpireta, ideal para el trabajo, desde preguntar en todos los sitios que visitamos por la accesibilidad para mí hasta enseñar coreografías de baile a las señoras.
Yo había estado en Lorca en una excursión de las Escuelas de Adultos de la comarca. Fue el 11 de marzo de 2004, justamente veintidós años antes. Recuerdo la fecha porque fue el desgraciado 11M, el día de los atentados islamistas en Madrid. Estábamos visitando la ciudad y nos llegaban noticias de gente que entraba a los bares y salía espantada de las imágenes de televisión. De los sitios que visitamos entonces no recuerdo apenas nada, lo que no me importa, ya que disfruté del Museo Arqueológico, el palacio de Guevara, el Museo de Bordados del Paso Blanco y el resto del casco antiguo, declarado Conjunto Histórico Artístico en 1964.
Para redondear la fiesta, comimos de categoría en un restaurante de La Hoya, seguido de baile para bajar la abundante comida. En el viaje de regreso, la guía repartió a todos botellas de aluminio con el logo de la empresa. Todo un éxito.








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