Sinopsis:
Todas las casas guardan la historia de quienes las han habitado. Las paredes de esta casa perdida en el páramo hablan de voces que surgen de debajo de las camas, de santas que se aparecen en el techo de la cocina, de desapariciones que nunca se resuelven. Los vecinos reniegan de sus dos habitantes a la luz del día, pero todos acuden a ellas cuando nadie los ve. La abuela se pasa los días hablando con las sombras que viven tras las paredes y dentro de los armarios. La nieta vuelve a la casa tras un incidente con la familia más rica del pueblo. Ahora, desenredando la historia de la casa, se han empezado a dar cuenta de que las sombras que la habitan estuvieron siempre de su lado.
Este es el último libro que hemos leído en el club de la biblioteca. Como suele ser habitual últimamente, ha habido gran diversidad de opiniones, desde aquellos compañeros a los que no les ha gustado nada hasta los que la han disfrutado, como ha sido mi caso.
He leído que esta novela se enmarca en el género de terror gótico, que no suelo frecuentar, más concretamente en el gótico manchego, lo que me parece fortísimo. Es una obra breve pero asfixiante que utiliza lo sobrenatural para hablar de realidades sociales profundamente arraigadas.
En Carcoma, la casa no es solo un escenario; es un organismo vivo y vengativo. La carcoma funciona como una metáfora del trauma heredado y del odio que corroe los cimientos de la familia desde dentro.
El lenguaje de Layla Martínez es seco, directo y visceral. No recurre a grandes artificios barrocos para asustar; el horror emana de lo cotidiano y de la crudeza de las descripciones.



















































