jueves, 2 de julio de 2026

Dani Martín reaparece en Alicante

 



Es una de las figuras más reconocibles de la música española y llegaba a Alicante después de protagonizar la polémica de la semana. Dani Martín fue el encargado de inaugurar este sábado el ciclo de conciertos de Área 12 en el Multiespacio Rabasa con una gira que repasa su extensa trayectoria tanto al frente de El Canto del Loco como en su etapa en solitario. Durante años, sus seguidores reclamaron el regreso del mítico grupo del pop-rock nacional, aunque han tenido que conformarse con una gira en la que el artista reivindica esa miscelánea estilística que ha marcado buena parte de su carrera.

Creyéndose Billie Joe Armstrong al frente de sus admirados Green Day, Dani Martín exhibió el pasotismo airado del punk desde el primer momento, lanzándose de lleno con canciones como Zapatillas, Volverá o Besos. Era una forma de generar caos desde la calma. Porque Green Day y El Canto del Loco representan universos muy distintos, por mucho que algunos busquen paralelismos o intenten rastrear influencias. Que te interese una música no te convierte en ella, pero lo que sí parece indiscutible es que sus seguidores disfrutaron cantando unos himnos que han dejado una huella evidente en el panorama de la música en español.




Fue, ante todo, un karaoke generacional que nadie quiso perderse y que dejó la estampa de miles de personas dispuestas a rememorar otros tiempos, pero también a abrazar la nueva versión del cantante, esa que ha dejado temas de la talla de Me vuelves puto loco, Novedades viernes o Burning Man. Y es que ese público que canta a pleno pulmón Una foto en blanco y negro también corea las canciones del álbum El último día de nuestras vidas. Eso remarca un sentimiento de pertenencia que va más allá de las etiquetas. Dani Martín ha conseguido algo único en su carrera.

Aunque a nivel vocal el madrileño esté muy limitado, cosa que se percibe en gran parte del concierto, ha generado una simbiosis en la que todo eso deja de importar si la emoción que transmite es la correcta. Tampoco sería justo demandarle algo que en ningún momento ha prometido. Él es consciente de sus desventajas y en su afán por ser el Green Day español predominan otras cosas por encima del "cantar bien". A Billie Joe Armstrong nadie le reclama virtuosismo vocal, sino adrenalina. Y en eso sí se acerca a su ídolo, tanto que los fans acaban regalándole presentes artesanales relacionados con la banda autora de álbumes como American Idiot o Dookie. Muchos de esos seguidores, probablemente, no estarían de acuerdo con las letras o con el posicionamiento ideológico de Green Day, pero ese ya es un fregado que es mejor no pisar.




En este karaoke "punk" —valgan las comillas— destaca por encima de todo la actitud. Dani Martín consigue sacar el máximo partido a sus posibilidades con pasotismo y rebeldía. Se muestra distante y cercano al mismo tiempo, cediendo el protagonismo al público en momentos muy concretos del espectáculo, pero dejando constantes detalles que refuerzan ese sentimiento de comunidad entre artista y seguidores. Todo el concierto, en el que aprovecha para desgranar un cancionero que tampoco se olvida de temas propios como Cero, 16 añitos o Emocional, se sostiene sobre una banda que suena muy bien en directo y en la que destaca la figura de la gran artista Cris Méndez, capaz de alternar los conciertos íntimos en salas como la Euterpe de Sant Joan con los macroconciertos junto a una de las figuras más conocidas de la industria musical española.

Cualquier crítico podría aprovechar shows de este tipo para enumerar errores, pero la música en directo no debe entenderse por su rectitud, sino por lo que consigue contagiar. Y allí se vivió una comunión que hizo que el público saliera convencido de haber acertado al gastar su dinero en consumir música en directo. Detalles como la participación de Rulo, de Rulo y la Contrabanda, o que Dani Martín bajase junto al público para interpretar un par de sus baladas más conocidas terminaron de convencer a un respetable que se marchó satisfecho tras ese karaoke generacional que puso su última piedra con Insoportable. Luego llegarían los atascos para abandonar el recinto, pero eso ya es otra historia.


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