viernes, 4 de septiembre de 2009

A Força Do Coração




Si hace unas semanas creó polémica un vídeo de Alejandro Sanz cantando en italiano, a ver qué os parece éste en portugués. Ignoro qué repercusión tendría en el país vecino o en Brasil. Eso sí, grabó un CD entero que podéis oír en Youtube.

Lourdes


Una tarde fuimos a Lourdes. Nada más llegar caía un ligero chirimiri. Después paró y en cuanto nos disponíamos a ver la procesión de las antorchas empezó tal aguacero que decidí volverme al autobús. Nada más subir, cesó de llover. No volví a bajar pues no tenía intención de comprar nada. Aún conservo souvenirs de las dos veces que fui en peregrinación con la diócesis alicantina cuando yo tenía 18 y 19 años, creo. Aunque en esencia está igual, noté algunos cambios, como el aumento de hoteles y tiendas. ¡Si hasta han puesto un McDonalds y un Carrefour!

En el corazón de los Pirineos, Lourdes acoge cada año más de 5 millones de visitantes venidos del mundo entero. Aquí la espiritualidad se inscribe por la fuerza y la belleza del sitio, las huellas del pasado, el recogimiento de los Santuarios. Lourdes no era más que una pequeña villa el 11 de febrero de 1858, cuando Bernardette Soubirous se encontró a orillas del río con la “Señora” que confirió a la ciudad su calidad de ciudad mariana. Para los que somos católicos, llega muy hondo del alma pasar por la gruta donde tuvo lugar la aparición, ver la fe y el recogimiento que despliegan peregrinos de todas las razas procedentes de todo el mundo.

Sin embargo, también tiene su cara menos amable desde mi punto de vista: la vergonzosa comercialización con su miríada de tiendas que llega a tales extremos de asemejar Lourdes a un parque temático de la fe. Hay que ser muy creyente para poder abstraerse de tal ambiente nocivo y centrarse en la esencia.
Para los que no creen, queda la belleza natural del lugar.

Verano de crisis (4ª parte)




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La mano de Fátima


Sinopsis:
El libro relata la apasionante historia de un joven morisco en la Andalucía del siglo XVI, atrapado entre dos religiones y dos amores, en busca de su libertad y la de su pueblo. Un relato emocionante que pretende reflejar la tragedia del pueblo morisco, ahora que se cumple, en 2009, el cuarto centenario de su expulsión de España. Una novela que nos relata la vida y aventuras de un joven fronterizo y enamorado que nunca se resignó a la derrota y luchó por la convivencia de las religiones cristiana y musulmana. Ildefonso Falcones arrastra al lector en un fascinante recorrido por escenarios como las agrestes montañas de las Alpujarras -y la guerra que en ellas se libró-, así como por la imponente Córdoba, la antigua ciudad califal: con su mezquita catedral, su vieja medina, sus calles y su bullicio. Una novela en la que los lectores de La catedral del mar encontrarán la misma fidelidad histórica, así como un apasionado relato de amor y odio que arrastra a su protagonista por los caminos de la aventura.


Por fin acabé de leer las casi mil páginas de La mano de Fátima. Excepcionalmente bien documentado, narra con crudeza (con excesiva crudeza, sobre todo al principio de la obra) las cruentas luchas de cristianos y moriscos. En el fondo de la trama, los ideales de un joven y el amor/desamor que se desarrolla a lo largo de ella. Trama que sería más efectiva y atractiva con la mitad de páginas. Se hace muuuy larga. Hay trozos que engancha, que te metes en la historia, pero otros son muy pesados. El hecho de estar históricamente muy bien documentada a veces se convierte en un lastre. ¿A mí qué me importan las distintas razas de caballos o cómo se trataba la lana, por ejemplo, si no es una información esencial? A riesgo de que me tildes de políticamente incorrecta, me molesta que cargue las tintas en la despiadada crueldad de los cristianos, como si los musulmanes fuesen angelitos. Por otra parte, plantea una reflexión extrapolándolo a la realidad actual de miles de inmigrantes musulmanes, africanos varios y sudamericanos que llegaron en busca de un mundo mejor y me daba por pensar lo que pasaría si pensaran en sublevarse como hicieron los moriscos tal como cuenta el libro.
En resumen, en mi opinión, un paso atrás con respecto a La catedral del mar.

Ponyo en el acantilado


Sinopsis:
Sosuke, un niño de cinco años, vive en lo más alto de un acantilado que da al mar. Una mañana, mientras juega en una playa rocosa que hay bajo su casa, se encuentra con una pececita de colores llamada Ponyo, con la cabeza atascada en un tarro de mermelada. Sosuke la rescata y la guarda en un cubo verde de plástico. Ponyo y Sosuke sienten una fascinación mutua. Él le dice: "No te preocupes, te protegeré y cuidaré de ti". Sin embargo, el padre de Ponyo, Fujimoto, que en otro tiempo fue humano y ahora es un hechicero que vive en lo más profundo del océano, la obliga a regresar con él a las profundidades del mar.
"¡Quiero ser humana!", exclama Ponyo y, decidida a convertirse en una niña y regresar con Sosuke, escapa. Se desata el caos. Las aguas se agitan. Las hermanas de Ponyo se transforman en enormes maremotos con forma de pez que llegan hasta la casa de Sosuke, en lo alto del acantilado. La locura del mundo marino envuelve el pueblecito de Sosuke, que se sumerge bajo las olas...


Había oído comentarios muy favorables sobre esta cinta así que, pese a que no suelo ver cine de animación, me dispuse a verla cuando me la prestaron. Es un prodigio de color, de imaginación y de buen rollo, bastante alejado del manga violento que ponen por televisión. Como propio del género hallamos la exaltación de la amistad y la responsabilidad, el amor por el mar y la vida misma. No hace falta tener menos de 10 años para disfrutar de esta versión sui géneris de La sirenita.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Vielha



Regresamos a casa el lunes por la noche. Agotados tras tantas horas de coche, pero con las pilas cargadas, más o menos dispuestos a encarar la rutina en cuanto se nos pase el síndrome post vacacional. No creo que fuera a causa de eso el malestar que seguimos padeciendo sino más bien –creo yo- al cambio de temperatura, de presión, de altitud… Y es que para los que somos de secano, los Pirineos son un planeta aparte. Para empezar, a Pedro le desapareció la alergia en un pispás. Se me oxigenó y despejó tanto el aparato respiratorio que yo, que nunca he tenido el olfato fino, me sorprendía apreciando aromas nuevos y, en contrapartida, me molestaban mucho más los olores de coches o cualquier otra forma de contaminación. Por no hablar del agua: qué bendición abrir el grifo y beber agua fresca sin el mínimo sabor desagradable de tratamientos químicos. Nada más salir del hotel nos topábamos con el río Garona. Ante cada riachuelo, cascada, lago o cualquier manifestación acuática a Pedro y a mí se nos quedaba cara de bobalicones envidiosos, con la sequía que padecen estas tierras que habitamos.

Abajo, con mi amiga Magdalena, madrileña, ante la Iglesia de Sant Miquèu, estilo de Románico al Gótico Siglos XII - XIII



Vielha y el resto de pueblecitos que forman el Valle de Arán son una preciosidad, no sólo por su belleza natural sino por lo cuidados que están. Para empezar, los edificios, incluso los de nueva construcción, mantienen la estructura de piedra con los tejados puntiagudos de caliza para que no se acumule la nieve. Se nota que el turismo que lo frecuenta en invierno para esquiar es de poderío económico pues no es en absoluto barato. Con la moda del senderismo y los deportes de aventura han sabido diversificar la oferta y tienen visitantes todo el año. Recorriendo el casco urbano salta a la vista que está concebido para lidiar con la nieve a la par que mantener un cierto aire medieval; de ahí que no sea un modelo de accesibilidad entre el empedrado de la calzada y lo alto de los bordillos de las acera o los escalones de los locales comerciales con tal que no les entre la nieve.

Solución


Pues sí, era la señorita de los fantasmas, en la otra foto se me olvidó cortar la página web que venía arriba donde se desvelaba el nombre.