Sinopsis:
"Sólo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue la tuya aunque nunca lo supiste. Pero sólo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y ya no tengas que darme una respuesta; cuando esto que ahora me sacude con escalofríos sea de verdad el final. En el caso de que siguiera viviendo, rompería esta carta y continuaría en silencio, igual que siempre. Si sostienes esta carta en tus manos, sabrás que una muerta te está explicando aquí su vida, una vida que fue siempre la tuya desde la primera hasta la última hora."
Son varios los factores que me han movido a leer esta novela. En primer lugar, no lo voy a negar, su brevedad que no llega al centenar de páginas según las ediciones. En segundo, pensar que no había leído nada del muy reputado Stefan Zweig, y nunca viene mal volver a los clásicos. Y, por último, porque oí en una reseña en redes que no se puede contar tanto en tan pocas palabras. A por ella, pues.
La novela es un melodrama de tomo y lomo, habría que cantarle a la protagonista aquello de: no es amor, lo que tú sientes se llama obsesión. Ciertamente, es muy literaria y extraordinariamente bien escrita, por lo que no me arrepiento de haberla leído. Eso sí, deja un pozo de desesperanza e impotencia.
Mirando si había versiones cinematográficas, me he dado cuenta de que la primera, de 1948, con Joan Fontaine y Louis Jourdan, era una de las películas favoritas de mi madre, a quien le encantaban las que ella llamaba películas contadas.
Nada más que por este recuerdo de mi madre ha valido la pena.


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