Sinopsis:
José Luis Torrente, siempre convencido de ser un héroe nacional de España pese a su ineptitud, es persuadido para meterse en política y, con su estilo vulgar, demagógico y lleno de ocurrencias, logra convertirse en líder de un partido populista.
El martes fui al cine a ver Torrente presidente. No pongáis caras raras, que las anteriores también las vi. Me hacen curarme en salud para no caer en el grupo de los "ofendiditos" por tonterías. Además, confío en el olfato de Santiago Segura, que ha abandonado temporalmente el cine familiar para recuperar su versión más gamberra.
En esta entrega, José Luis Torrente aprovecha el desencanto social para lanzarse a la carrera política. La película funciona como un espejo deformante de la España actual, como (perdón por la comparación) los de Valle-Inclán en Luces de Bohemia, tocando temas como la polarización, las redes sociales y la corrección política. No se casa con ninguna ideología; reparte estopa a derecha, izquierda y centro por igual. No me ofende su racismo, su homofobia, su desprecio por las personas con discapacidad, porque es un garrulo quien piensa así y, por desgracia, cierta parte de la sociedad: no entiendo, pues, que haya quien ondee la bandera de los límites del humor.
El caso es que me divertí en el cine, con la cantidad de cameos y con la sátira política.

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