Sinopsis:
Elsa es una directora de publicidad cuya madre muere durante un largo puente del mes de diciembre. Encuentra refugio en el trabajo, aunque es más bien una huida hacia adelante. Trabaja sin parar y, sin darse cuenta, no se concede el tiempo necesario para guardar el duelo por la ausencia materna. Hasta que una crisis de pánico la obliga a detenerse e imponerse un descanso. Su pareja, Bonifacio, es su tabla de salvación en esos momentos de crisis. Elsa decide viajar a la isla de Lanzarote acompañada por su amiga Patricia, que también necesita alejarse de Madrid, mientras que Bonifacio se queda en la ciudad.
Fui al cine con mi amiga Nati a ver la última película de Pedro Almodóvar. Soy muy fan del manchego, lo que no quita que no sepa reconocer una obra menor como esta. El género, tan ahora de moda, de la autoficción, que bordó en Dolor y gloria, aquí no acaba de funcionar. En un intento de llevar al límite el metacine, pierde la estructura y parece deslavazada. Lo que sí mantiene como marca de la casa es la preciosa fotografía, el estilizado cromatismo de decorados y vestuario, la omnipresente (y a veces cargante) música de Alberto Iglesias, el homenaje a Chavela Vargas, la hermosura de sus personajes,... Lo de recurrir a viajar a Lanzarote u otra bella isla canaria para encontrarse a sí mismo es un tópico trillado que no está al alcance del españolito medio.
A pesar de todos los defectos que se puedan encontrar, un fotograma almodovariano vale más que la mayoría de las películas que se exhiben hoy en día.


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