Sinopsis:
Valentín, un preso político, comparte celda con Molina, un escaparatista condenado por escándalo público. Surge un vínculo entre ellos mientras Molina relata la trama de un musical de Hollywood protagonizado por su diva favorita, Ingrid Luna.
Por esas redes enredadas me encontré con una nueva versión de El beso de la mujer araña. Recuerdo que en su día me impactó la novela de Manuel Puig, así como la posterior adaptación cinematográfica protagonizada por William Hurt y Raúl Julia.
Venciendo la pereza inicial que me daba una posible repetición, la descargué para verla. Nada más leer que el director era Bill Condon, el de Chicago, me dio buena espina. Sin perder la carga política y emotiva del original, me encontré con una maravillosa película musical con unos números de baile, coreografía y ambientación que me retrotraen a los gloriosos títulos del género de los años cuarenta y cincuenta, con una Jennifer López ejerciendo de diva y convenciendo, aunque admito que no es santo de mi devoción. Es la protagonista de las ensoñaciones que un desconocido y maravilloso Tonatiuth Elizarraraz le cuenta al siempre sólido Diego Luna para hacerle más llevaderas las noches de presidio, idea que inspiró también la serie Las noches de Tefía.

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