Como veis por el anuncio, el fin de semana pasado estuve de viaje.
El sábado a las ocho de la mañana salimos treinta y cinco personas camino a Toledo. Paramos a comer opíparamente en Madrilejos donde ya me di cuenta de que el jersey que llevaba era demasiado abrigado para el calor que hacía.
La temperatura no era la más adecuada para patear Toledo, con sus calles empedradas y empinadas, y eso que subí al centro en un ascensor, que salva cuarenta metros de altura. El caso es que no recuerdo si lo utilicé la vez anterior, en 2014, según me chiva el blog.
Esta vez no vi tanto como la previa, pero no me privé de volver a entrar en la catedral, una de las más bonitas que conozco en España.
En la céntrica plaza de Zocodover, tomando una Cocacola refrescante antes de subir al autocar, vi que estaba llena de casetas de libros, pues se celebraba la feria del cómic. Sí, pequé, pero eso lo cuento otro día.






















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