Mostrando entradas con la etiqueta bautizo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bautizo. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de agosto de 2019

Bautizo de Marc



El pasado sábado 10 tuvo lugar el bautizo de Marc. A sus veinte meses, habría campado a sus anchas por la iglesia si no lo hubieran controlado entre padres y padrinos, que fueron mi sobrino Toni y la abuela materna. El pequeño se comportó durante la ceremonia y no protestó en ningún momento, ni siquiera cuando el párroco le echó el agua. Tras las pertinentes fotos en el altar y la traca, que puso a María (y a mí) de mal humor, emprendimos camino al restaurante mientras el padrino lanzaba monedas a la chiquillería, tradición de esta zona.


Yo estrené la otra blusa y mi prima Laura me maquilló. Huelga decir que todos íbamos guapísimos.
El banquete en el restaurante estuvo estupendo. Lástima que el servicio no fue a la altura de la comida, de tan lento: a la 1 de la noche aún íbamos por los postres. Como la calle estaba cortada al tráfico, mi sobrino contrató un castillo hinchable para que los críos brincaran. Al lado, mesas y sillas para que los progenitores vigilasen mientras se tomaban una copichuela. A pesar del calor de la noche, se estaba mejor que en el interior del restaurante donde el aire acondicionado apenas se notaba.


sábado, 29 de julio de 2017

Bautizo de Manel




El domingo 16 hizo un día espantoso de calor, no solo aquí sino también en Denia adonde fuimos al bautizo de Manel, el sobrino de Pedro. El chavalote está guapísimo, con una energía que agota al más pintado. Menos al abuelo paterno, el único que pudo calmar su berrinche en la iglesia, donde me sorprendió agradablemente la presencia de un aparato de aire acondicionado. Eso sí, en cuanto terminó el bautizo, se apagó, supongo que el sacerdote no quería que nos eternizásemos con las fotos posteriores. Los padrinos fueron el susodicho abuelo y la tía materna, la hermana pequeña de Pedro.


A continuación, nos dirigimos al restaurante, que teníamos para nosotros solos. Tanto el local como el menú son de los que llamo de pitiminí: muchos platos cuyo nombre y loza continente superaba de largo el contenido. En honor a la verdad, diré que estaban buenos, aunque me extrañó que pecasen de salados, cuando es algo que se suele evitar en la cocina. De plato principal, arroz a banda; de postres, una especie de brownie y la tarta del bautizo. Cuando volvimos al coche, marcaba 38°C. A pesar del calor, pasamos un día estupendo en familia.