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miércoles, 16 de octubre de 2024

Comida de quintos

 


El sábado 28 de septiembre, tuvo lugar la comida anual de quintos, especial este año porque cumplimos la sesentena. Pensaba que, por dicha conmemoración, estaría más concurrida que lo habitual, pero fue justamente lo contrario, no entiendo por qué. El caso es que, aparte de comer estupendamente, compartimos un rato agradable.



Como recuerdo del día y del año, unos quintos habían encargado una caja que contenía una mochilita y un llavero con un osito, todo conmemorando los 60 años de la quinta del 64.




domingo, 9 de octubre de 2022

Comida de quintos

 



El sábado 24 de septiembre tuvo lugar la reunión de la quinta del sesenta y cuatro tras dos años de inactividad por la pandemia. Como ya vamos teniendo cierta edad en que los excesos no solo se pagan sino que, además, cuesta más recuperarse de ellos, cambiamos la tradicional cena por comida a las 14:30. Lo que no variamos fue el restaurante, que en Els futbolins siempre nos han tratado bien. 

Era de esperar que el número de comensales descendiera a menos de la veintena, sea por el nuevo horario, sea por desapego del personal, que todo cabe en lo posible. La cuestión es que el núcleo duro no falló y pasamos un rato estupendo, entre bromas, risas, recuerdos y planes para que en el futuro no decaiga esta bonita amistad que nos ha unido por haber nacido en el mismo año. 



martes, 25 de febrero de 2020

miércoles, 5 de junio de 2019

Excursión en transporte público



De no haber sido por el resfriado de Pedro, habríamos ido al cine ya que teníamos cuatro entradas gratis por una promoción. Como caducaban el jueves siguiente, me animé a ir yo. Pensé en llevarme a Luna. Al preguntar a sus padres, surgió un proyecto de excursión familiar: mi sobrino Toni, su mujer, sus hijas, mi hermana, la pequeña María y yo subimos al autobús hacia San Vicente y de allí el tranvía al centro comercial alicantino. La primera vez de las niñas en transporte público, el 25 de mayo, lo que fue debidamente registrado en fotos.


Con el tiempo justo entramos a ver Aladdin (mañana la comento) y la verdad es que pasamos un buen rato. Para María también era la primera vez en el cine: se durmió al principio pero luego aguantó muy bien el resto de las dos horas de metraje. 


Al regreso a Agost, me topé con la boda de mi quinto Luis Vicente, que no sabía que al día siguiente sería derrotado en las elecciones y que pronto dejaría la alcaldía. Mis felicitaciones para él y su esposa.


miércoles, 27 de febrero de 2019

Con mi amiga Ana



El domingo a mediodía, cuando regresaba de comprar el pan, me encontré a mi amiga y quinta Ana con su hija homónima, sentadas en la terraza de la cafetería cerca de casa, disfrutando del maravilloso e inusual sol que tenemos en estos días de finales de febrero. Muy amables, me invitaron a acompañarlas, y por supuesto accedí, que no sé negarme a un rato de buena compañía y amena conversación.

Conmemoramos la ocasión con esta foto. Aunque no tenga importancia, aclaro que la cerveza no es mía: no bebo alcohol porque no me sienta bien, me pongo malísima. Falta de costumbre, supongo. La presencia de los dos botellines era un guiño a nuestros quintos.

viernes, 5 de octubre de 2018

Cena de quintos



El pasado viernes 28 de septiembre tuvo lugar la anual cena de quintos. La consigna para este año era ir vestidos de blanco, en plan fiesta ibicenca. Para mí resultó un contratiempo porque parte de arriba tenía pero de abajo no ni tampoco encontré en el mercadillo. Al final me prestó la mujer de mi sobrino Carlos una blusa más chula que la mía y me puse la falda vaquera, que es la más informal que tengo.


Con el resfriado encima procuré tomar todas las precauciones a mi alcance, como apartarme de corrientes de aire o tomar bebidas excesivamente frías. Aun así, no me encontraba en mis mejores facultades para estar de fiesta y temí tener que retirarme antes de lo usual por problemas respiratorios. Aunque pasé algún bajón, gracias a la buena compañía me rehíce y aguanté bien hasta las 2 de la madrugada más o menos.


Este año fuimos unos pocos menos que el anterior, con altas y bajas, pero con la mayoría del núcleo duro intacto. Como es de costumbre, cenamos de maravilla en el restaurante Els futbolins de nuestra quinta Paqui, que tuvo la amabilidad de ponernos música para bailar y reírnos, que es lo que tanto bien nos hace. Los jóvenes DJs, el hijo de la dueña y la novia, flipaban con nuestras peticiones, desde Raffaella Carrá hasta Tino Casal pasando por Bosé, Alaska, Tequila o los imprescindibles Village People, para que los quintos se luzcan emulándolos.

A pesar del cansancio y la enfermedad, me lo pasé en grande, pues estas personas se han labrado un hueco en mi corazón y los quiero mucho.

martes, 10 de octubre de 2017

Cena de quintos



El viernes 29 de septiembre estuve de sarao en la anual cena de quintos. Para dar una sorpresa al sector masculino del grupo, aunque nunca equiparable a sus performances, las chicas nos pusimos de acuerdo en un cierto dress code: vestir de negro y llevar guantes y pamela. Para los accesorios, mi amiga Rosa acudió a los bien surtidos chinos y nos solucionó la papeleta a unas cuantas. En cuanto a la ropa, tenía pensado qué ponerme cuando la víspera vi en el mercadillo una blusa negra adornada con flores muy similares a las de la pamela. Me fue imposible contener la vena de postureo y me la compré sin hacerme ninguna falta. No tengo remedio, lo sé.


Unas bajas de última hora por cuestiones de salud redujeron el número de asistentes a una veintena, lo que yo llamo el "núcleo duro". Para que los chicos no envidiasen nuestras testas cubiertas, les regalamos un bombín a cada uno, aunque luego hubo varios intercambios.


La cena tuvo lugar en el restaurante propiedad de una quinta, lo que implica que nos tratará bien. El menú consistía en coca a la pala, jamón y queso curado, calamar nacional a la romana, croquetas caseras de jamón.. y de merluza, gamba al ajillo, de entrantes. De plato principal, a elegir entre entrecot, solomillo de buey, atún a la plancha  o emperador. De postre, pedí el brownie de chocolate, obviamente. Todo esto, bebida y copas incluidas, 25 euros. Con el gran detalle de disponer las mesas en cuadrado para que todos nos viésemos las caras.


Lo mejor de todo fue la compañía y el buen humor de mis coetáneos, a los que quiero como si los conociera desde ese 1964 que tenemos en común.


martes, 13 de junio de 2017

Luis Vicente Castelló, nuevo alcalde de Agost



Como ya os avancé aquí, mi quinto Luis Vicente Castelló (a la derecha en la foto) ha sido nombrado nuevo alcalde de Agost. Mi enhorabuena a él y a su equipo de gobierno, entre el que se encuentra otro quinto, Paco Lozano.

Luis Vicente Castelló, del grupo municipal AIA-Compromís, ya es el nuevo alcalde de la localidad de Agost. Tras la renuncia del socialista Juan Cuenca a la alcaldía el martes pasado, Castelló tomó ayer posesión del cargo en una sesión plenaria extraordinaria que se celebró a primera hora de la mañana en el Ayuntamiento.

Castelló, que aseguró haberse sentido «un poco nervioso al principio del acto» porque «es un cambio importante», ha recogido el testigo de Juan Cuenca, que ha ostentado el cargo de primer edil de Agost hasta el ecuador de la legislatura. Este cambio en el gobierno municipal es fruto del compromiso que adquirieron las dos formaciones locales, Partido Socialista y AIA-Compromís, tras las elecciones de 2015. Un pacto que fue clave para arrebatarle la alcaldía al Partido Popular.

Sin embargo, lo populares volvieron a intentar acceder al gobierno y, aún sabiendo que no contaban con el apoyo ni del PSOE ni de AIA-Compromís, Juanjo Castelló presentó su candidatura a alcalde en el pleno de ayer. Finalmente, sólo consiguió la aprobación de los cinco miembros de su partido, frente a los seis votos a favor de los socialistas y de sus socios, que le dieron la alcaldía a Luis Vicente Castelló.

Por otra parte, el nuevo primer edil de Agost ya ha reestructurado las concejalías, si bien no ha llevado a cabo grandes cambios. El ex alcalde, Juan Cuenca, continuará al frente de las concejalías de Urbanismo, Obras Públicas, Cementerio y Agua y Saneamiento y, además, pasará a ser el primer teniente de alcalde. Cuenca también asumirá la cartera de Alumbrado Público al estar relacionada con el resto de departamentos que dirige.

En cuanto al resto de ediles del Partido Socialista, María Vicedo continuará dirigiendo Turismo y Fiestas y José Antonio Antón las áreas de Sanidad, Agricultura, Mercado y Limpieza Viaria y Residuos.

Luis Vicente Castelló continuará dirigiendo las áreas de Hacienda, Servicios Sociales y Policía y sus compañeros de AIA-Compromís, Francisco Manuel Lozano y Emilia Almudena Reche, seguirán al frente de Cultura, Ocupación y Desarrollo Local, Medio Ambiente, Parques y Jardines por un lado, y de Educación, Juventud y Deportes por otro. Asimismo, Lozano pasará a convertirse en el segundo teniente de alcalde, un puesto que hasta ahora ocupaba el socialista José Antonio Antón.

http://www.diarioinformacion.com/alacanti/2017/06/13/luis-vicente-castello-aia-compromis/1905398.html#

miércoles, 7 de junio de 2017

El alcalde de Agost firma su renuncia y le pasa el testigo a su socio de AIA-Compromís



El alcalde de Agost firma su renuncia y le pasa el testigo a su socio de AIA-Compromís
El socialista Juan Cuenca cumple con el pacto que ambas formaciones firmaron en junio de 2015.

 «Nosotros vamos a seguir trabajando en lo mismo, en hacer más accesibles las calles porque no es normal que el pueblo no sea accesible», manifestó el ahora alcalde en funciones de Agost, Luis Vicente Castelló. De esta manera, la cabeza de AIA-Compromís apuesta por un gobierno continuista con las políticas del Partido Socialista y por continuar con los proyectos que el ex alcalde Juan Cuenca no ha podido concluir antes del fin de su mandato. Así, Castelló aseguró que se llevarán a cabo mejoras en la calle Alcoy para rebajar las aceras; en el Ayuntamiento, que no cuenta con ascensor; y en el polideportivo.

http://www.diarioinformacion.com/alacanti/2017/06/07/gobierno--centrado-mejorar-accesibilidad/1903258.html

Mi enhorabuena a mi quinto Luis Vicente y mi confianza en que realizará su gestión de la manera más eficaz posible.


domingo, 16 de octubre de 2016

Cena de quintos



Como cada último viernes de septiembre, tuvo lugar la tradicional cena de quintos en el restaurante de una miembro de dicha gloriosa quinta. Ni que decir tiene que tanto los entrantes como el plato principal, al igual que la tarta nupcial, estaban de rechupete. Por 25 € incluía barra libre y DJ, todo un lujo. Sí, tarta nupcial, habéis leído bien. Luego lo explico.





Esta vez acudimos 33, bastantes más de los que me figuraba, y es una alegría reunirme con personas tan agradables, algunas de las cuales no suelo ver a menudo. Nada más entrar, me sorprendió la distribución de las mesas, dos en paralelo y otra más pequeña pegada a la pared de cara a las demás, como si se tratase de la disposición para una boda. Lo que siguió mosqueándome es la ausencia de seis elementos masculinos del núcleo duro, los mismos que hace unos años nos ofrecieron una memorable actuación disfrazados de Village People.


Era evidente que algo se cocía aunque uno de ellos me había jurado y perjurado días antes que no estaban preparando una sorpresa. Mentira y de las gordas, como pronto se reveló, en el momento de oír una traca que anunciaba el cortejo nupcial.



Primero el niño (un quinto de poblado bigote) que portaba las arras, seguido por los padrinos (pedazos de tacones que llevaba la “madrina” y peluca inalterable) para dar paso a los novios. En este caso, la peluca rubia de la novia no casaba mucho con la barba; aparte de eso no le faltaba detalle, liga incluida, como vimos después.



Por supuesto, no podía faltar el cura/obispo/vaya usted a saber, para bendecir tan sagrada y emotiva unión, con una ceremonia regada por lágrimas, de risa y de sentimiento por esos quintos tan inmensos.


¡Si incluso los padrinos repartieron regalitos! Para los caballeros, unos llaveros muy chulos; las señoras teníamos más variedad, a escoger entre broches, anillos y diademas, todo rematado por hermosos penes, cómo no.



Conociendo la innata discreción y elegancia de vuestra amiga, no os sorprenderá que eligiese la diadema. Menos mal que me acordé de quitármela al irme.


En resumen, que me lo pasé en grande y desde aquí os pido que os unáis en mi vítor ¡’Viva la quinta del 64!


jueves, 8 de octubre de 2015

Cena de quintos



El pasado viernes 2 tuvo lugar la tradicional cena de quintos. Este año fuimos menos que el pasado. Lo raro es que, por distintas circunstancias, faltaron algunos miembros del núcleo duro. Al final acudimos 21, más de lo que al principio me figuraba.


El menú estaba estupendo, lo que era de esperar de acuerdo con los 27 euros que costó. Como imaginaba, no dormí apenas esa noche, acostumbrada a cenar frugalmente. Lo importante es que disfrutamos de una velada agradabilísima. 


A lo largo de los años de reunirnos se ha creado una familiaridad que es de agradecer. No solo compartimos risas, juergas y bailes sino también reflexiones y preocupaciones, que la noche da para mucho. Por ejemplo, yo conocía a casi todas las chicas ya que compartí años escolares. Con las que llegaron después por diversos motivos también trabé amistad. De los chicos, sin embargo, solo un par fueron compañeros míos de clase. Gracias a estas cenas, nos une una camaradería que habría sido difícil de lograr en otras circunstancias.


Los años pasan, valga la perogrullada, y con ellos los temas de conversación. Las mujeres hablamos sobre la menopausia y los hombres se comparan las calvas a ver a quién le ha avanzado más.
  
Lo cierto es que estamos estupendos y, Dios mediante dispuestos a celebrar muchas cenas más.


martes, 14 de octubre de 2014

lunes, 13 de octubre de 2014

Cena de quintos



Me la pasé pipa en la cena de quintos el pasado 3 de octubre. Salí de trabajar a las 9, me cambié y me fui al restaurante. Un buen chaparrón había amenizado la tarde pero por la noche nos dejó tranquilos la lluvia. Este año, será por celebrar el medio siglo, vinieron quintos por primera vez. Entre los habituales, otros faltaron por imperativos familiares, como uno cuyo padre falleció ese mismo día, que ya es mala casualidad. El caso es que superamos la treintena de comensales.


Os cuento el menú: en la mesa ya estaban servidos platos con ensaladilla rusa, jamón, queso, embutidos ibéricos, aceitunas y cascaruja. En lugar de pan, nos pusieron la típica coca a la pala. Como aperitivo, calamar a la romana y croquetas caseras. De plato principal, se podía escoger entre varios de carne o pescado; yo disfruté de un bacalao al horno gratinado con queso. De postre, tarta conmemorativa con las cifras de los 50 como velas. Incluso nos cantamos el cumpleaños feliz. Cafés, sidra y cava, más barra libre hasta las 3 de la madrugada. Total, 25 €.


Los quintos masculinos nos sorprendieron a las féminas con una rosa a cada una, pagada de su bolsillo, al son de Amigos para siempre. A más de una se le escapó la lagrimita. Entre risas y tonterías, se eligió al rey y a la reina mora y se bailaron las danzas típicas. El punto culminante llegó con la actuación de Village People: cinco quintos disfrazados de motero, obrero, policía, indio y militar, cantando en playback y bailando la coreografía del Jaume. Si os preguntaís qué canción es esa, aclaro que es Y.M.C.A”; para nosotros, “Jaume” porque en valenciano suena muy parecido a “young man”. ¡Qué panzada de reír! Como la ovación fue apoteósica, también nos obsequiaron con In the Navy. Qué majos son mis quintos.


En fin, que nos fuimos a las 3 porque la policía local amenazaba a la dueña del restaurante –quinta nuestra- con denunciar pues, al parecer, rebasábamos la hora permitida por la ley.


martes, 24 de septiembre de 2013

Cena de quintos



A nuestras edades, por lo menos en el caso de servidora, se nota el paso por chapa y pintura. El viernes fue una de esas pocas ocasiones en que me pongo en manos de alguien más experto, en este caso mi ahijada, para que disimule el efecto del tiempo y realce mis puntos fuertes. Incluso estrené una blusa comprada la víspera en una exclusiva boutique (léase el mercadillo de los jueves).


La ocasión era la tradicional cena de quintos. Siendo de las de piñón fijo, no me la podía perder, por muy apurado que me esté resultando septiembre, y para ello me reservé los 25 € de vellón. Dada la crisis imperante y que los promotores no habían repartido las convocatorias (se extendió boca-oreja y vía Facebook), creí que seríamos cuatro gatos, pero no: fuimos nada menos que veinte.


Por el mismo precio, en el mismo restaurante, el menú fue, a mi parecer, más abundante que el año pasado. A saber: como aperitivo, además de los consabidos frutos secos, jamón, champiñones en salsa verde, queso rebozado acompañado de mermelada de tomate, chipirones, pulpo y gambas a la plancha. Nada más que con el aperitivo, servidora habría tenido suficiente. Como plato principal, se podía elegir entre tipos distintos de carne y pescado. Me dio pena dejarme casi entero el solomillo al roquefort, pero es que ya no me cabía apenas más. Cómo estaría mi alma, que me dejé gran parte del postre compuesto por piña natural, helado de turrón y una porción de tarta que el restaurante nos había preparado con las velas del 64, que no es nuestra edad (¡ojalá estuviésemos entonces como hoy!) sino el año en que nacimos. Por supuesto, todo regado por abundante y diversa bebida. Junto a mi inofensiva cocacola light, tomé un sorbo ¡solo un sorbo! de vino tinto y me sentó como un tiro. Recordatorio: no volver a probar el alcohol en eventos como este.


También me fastidió que alguien pidiese que nos conectaran la tele para seguir la semifinal del Europeo de baloncesto España-Francia. Me di la vuelta para no mirar y ponerme más nerviosa ante lo ajustado del marcador pero no pude evitar disgustarme por la derrota de los nuestros. Menos mal que el domingo ganaron la medalla de bronce.

A continuación había barra libre y música para bailar hasta las 3 de la madrugada. Nos percatamos de que todos los años nos ponen las mismas canciones de “nuestra época”: desde Don Diablo hasta Gloria pasando por You’re the one that I want, Y.M.C.A., Rivers of Babylon o Vivir así es morir de amor, por poner solo unos ejemplos. La nostalgia tira, sí, pero también llega a cansar. Ah, y que nunca falte el ínclito Paquito el chocolatero.

En fin, que nos lo pasamos en grande compartiendo camaradería y tontunas varias. Ya estamos pensando cómo celebraremos el medio siglo el año que viene.


jueves, 4 de octubre de 2012

Cena de quintos 2012



Como es tradicional en el último viernes de septiembre, nos juntamos una veintena de quintos, dos o tres menos que el año pasado. Quiero pensar que los que faltaron, más que por la crisis, no vinieron porque no les apeteció. Echando la vista atrás, la gran mayoría de los que acudimos somos fijos de todos los años y seremos los que mantengamos la tradición viva mientras dure. Nos lo pasamos bien, nos reímos juntos, también nos contamos las penas y, a medida que se suman las copas, nos desmadramos, siempre sanamente.

El menú nos costó 25 E por cabeza. Constaba de aperitivos (frutos secos, jamón, quesos y embutidos ibéricos, calamar a la romana, palayas, champiñones y chipirones) y, como plato principal,  montaditos variados y en cantidad abundante. De postre, piña natural, pan de Calatrava y helado. Por supuesto, café, sidra y cava, y toda clase de bebidas. Lo que encareció el precio fue que después habría música para bailar y barra libre hasta las 3 de la madrugada. Yo no bebí nada de alcohol, pero no me importó pagar ese plus para estar más tiempo juntos en buen ambiente.


Todos los años tenemos el mismo cachondeo con que en 2014, cuando cumplamos el medio siglo, sean quintos nuestros los Reyes Moros de ese año. Suceda o no, para ir practicando de momento, a las 3 de la mañana se les ocurrió ir a bailar la danza típica de la fiesta en la plaza de España. Los chavales jóvenes que salían de un pub se quedaban alucinados de ver a semejantes carrozas dar vueltas a la plaza bailando y tarareando la tonada a la par. Lo que me pude reír. Mientras tenga salud y posibilidades económicas, no quisiera perderme estas reuniones anuales, que me la paso pipa.