El domingo vencí la pereza inicial que me daba (¡qué fácil es apoltronarse en casa, y más en invierno!) y me dirigí a la casa de cultura para ver la primera función de la duodécima edición de la Muestra de Teatro Infantil. Titulada ¿Cuál es mi nombre?, me hizo flipar la sinopsis que hablaba de la identidad personal. Si yo solo veía a un par de adultos moverse y bailar jugando con el escaso atrezo intentando sacar risas de los niños (objetivo conseguido solamente en parte), me pregunto hasta qué punto vale la supuesta tesis del argumento.
Confieso que luché por mantener los ojos abiertos, lo que me llegó a asustar. Tan pronto entré en casa, me puse el oxímetro, no fuera a tener bajo los niveles de oxígeno. Tranquilos: estaban correctos.

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