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miércoles, 17 de septiembre de 2025

Adiós a Robert Redford

 


Nos vemos quedando sin las grandes glorias del cine de Hollywood. Que descanse en paz este talento de la cinematografía y paradigma de la belleza masculina durante décadas.




El actor y director estadounidense Robert Redford ha fallecido este martes a los 89 años, según ha anunciado en un comunicado Cindi Berger, relaciones públicas del célebre intérprete. Aunque no se ha especificado la causa, el actor ha fallecido durmiendo. Se encontraba en Utah.





Redford fue una de las grandes estrellas de Hollywood, no solo como actor sino también como director y fundador del Festival de Sundance, meca del cine independiente. Entre sus primeros papeles que le lanzaron al estrellato destaca Descalzos por el parque (1967), junto a Jane Fonda, que fue un gran éxito y le convirtió en un rostro conocido. Entre sus filmes destacados hay un sinfín de clásicos: 'Butch Cassidy and the Sundance Kid' con Paul Newman, con quien formó una icónica pareja actoral, 'El candidato' (1972) o 'El golpe' o 'Dos hombres y un destino'.




En la carrera como actor de Redford fue fundamental el encuentro con el director Sidney Pollack , en cierta forma, responsable del tipo de personajes que asociamos con el actor. Ahí están: 'Propiedad condenada', 'Las aventuras de Jeremiah Johnson' –un intento a base de barba y barro de huir de su imagen-, 'Tal como éramos' (de la que se desprende que si Redford es capaz de enamorarse de Barbra Streisand cualquier espectadora tiene su oportunidad), la excelente ‘Los tres días del Cóndor’ en la que él y Faye Dunaway no podían ser más ‘cool’, 'El jinete eléctrico' (otro encuentro con Fonda que repetirá en la fase final con ‘Nosotros en la noche’) y la apoteosis de 'Memorias de África': vuelos aparte, ahí está ese momento en que le lava el pelo a Meryl Streep. Sin olvidar la película que ha propiciado tantas y tantas vocaciones periodísticas: 'Todos los hombres del presidente'. 





Errores como ‘El gran Gatsby’, que lo tenía todo para estar bien, pero no, hicieron que Redford decidiera tomar las riendas del asunto y pasarse a la dirección. Su debut en 'Gente corriente' en 1980 que le deparó un Oscar como director –el de actor siempre se le ha resistido - hacía temer lo peor, pero él ha llevado esa trayectoria más que dignamente. Sí le recordó la Academia en el 2002 con una estatuilla honorífica que reconoce sobre todo su última reencarnación como padre del cine independiente norteamericano a partir de la creación del Sundance Festival. Cuando la película ‘Sexo, mentiras y cintas de video’ tras pasar por allí hizo que el debutante Steven Soderbergh lograra unos meses más tarde la Palma de Oro en Cannes, encendió las alarmas: una nueva era cinematográfica había empezado.




viernes, 22 de marzo de 2024

Superhéroes setenteros

 


Me ha parecido muy ingeniosa y acertada la reinterpretación del mundo de los superhéroes en clave setentera. Ignoro la autoría, lo siento. 








martes, 1 de abril de 2014

Capitán América: el soldado de invierno



Sinopsis:
Tras los devastadores acontecimientos acaecidos en Nueva York con Los Vengadores, Steve Rogers, alias el Capitán América, vive tranquilamente en Washington D.C. intentando adaptarse al mundo moderno. Pero cuando atacan a un colega de S.H.I.E.L.D., Steve se ve envuelto en una trama de intrigas que representa una amenaza para el mundo. Se unirá entonces a la Viuda Negra para desenmascarar a los conspiradores. Cuando por fin descubren la magnitud de la trama, se unirá a ellos el Halcón. Los tres tendrán que enfrentarse a un enemigo inesperado y extraordinario: el Soldado de Invierno.

El gran capricho y dispendio monetario de mis mini vacaciones fue ver en una pantalla en condiciones Capitán América: el soldado de invierno.

La peli es muy entretenida. Marvel ha conseguido crear una serie de filmes que se pueden ver por separado aunque mantienen una línea sucesiva, no solo por la cronología y el trasiego de los personajes sino por los guiños para los seguidores de la saga y de la serie Agentes de S.H.I.E.L.D.. Y lo más importante: divierten sin insultar la inteligencia del espectador. El dilema que se plantea aquí es entre libertad o seguridad.

Sin ser el protagonista el Vengador más carismático, lo cierto es que Chris Evans es muy majo y sale airoso. Los secundarios como Robert Redford le dan empaque, aunque no entiendo cómo este señor, con lo mayor que es y está, lleve el pelo teñido de rubio y las patillas blancas.


martes, 28 de mayo de 2013

Desmontando a Gatsby



Sigo pensando que la versión de Redford y Mia Farrow es para mí la definitiva, pero gracias a tus impresiones estoy comenzando a replanteármelo. Di Caprio es un buen actor, lastrado quizá por lo mismo que le valió el éxito: su encasillamiento como ídolo adolescente, sobre todo a raíz de “Titanic”. Pero desde muy jovencillo apuntaba maneras de carne de pantalla, y ya en esa época bordó un par de papeles en “Vida de este chico” y “¿Quién ama a Gilbert Grape?”. En cuanto al aspecto maromil, coincido contigo: nunca me pareció atractivo y sus rasgos juegan un poco en su contra ahora que es un hombre hecho y derecho.


Yo también leí la novela, y por eso creo que la adaptación que se hizo era muy correcta. Tal vez su problema podría residir, precisamente, en su manierismo y en que estaba excesivamente apegada al original literario, sin aportar una interpretación o un acercamiento al público contemporáneo de la película. Por lo que me cuentas, podría ser que en este caso sea precisamente eso lo que se ha intentado: utilizar la historia de Gatsby para contarnos algo sobre nosotros mismos; que, al fin y al cabo, es lo que hace el buen cine y la buena literatura de todos los tiempos.


Lo que encarna el hombre que por las noches se queda contemplando el otro lado de la bahía, anhelando un imposible, es la fragilidad y la impostura de los seres humanos. Gatsby es un impostor; su dudosa respetabilidad no es más que una fachada, y su mismo despilfarro insensato lo delata como un parvenu. Por eso es en cierto modo inofensivo: basta con rascar un poco su superficie para desmontar todo el tinglado que ha ido construyéndose. Pero, y por eso Scott Fitzgerald le da el apelativo de “grande”, es también un ser herido y su fidelidad a esa herida es total, completa, sublime. Lo que le redime no es quizá tanto el amor que siente, sino el hecho de que lo utiliza como palanca desde la que mover toda su existencia hacia un estadio superior.


Y ahí llega la gran paradoja, la impostura final. A lo largo de la historia comenzamos a percatarnos, y cuando termina obtenemos la completa certeza, de que Gatsby no es más que un aspirante, un aficionado a la farsa en el gran teatro del mundo. No puede siquiera soñar con rivalizar con quienes hace ya mucho tiempo que han convertido ese engaño en ley, en norma de vida, generación tras generación. Los mayores estafadores son, por supuesto, aquellos que muy probablemente en sus lejanos comienzos no eran mucho más honrados que él, pero cuyo prolongado predominio económico y cuyo control de todos los resortes sociales han hecho creer a los demás que ellos son, por naturaleza, mejores.


Así, nos encontramos con que Gatsby miente más que habla con la esperanza de poder alcanzar su ideal – integrarse en la alta sociedad, “mejorarse”, como creo que él mismo dice en la novela –, y ese ideal resulta ser por dentro tan falso y frágil como sus propias mentiras. Lo único que hay detrás de toda esa elegancia, de esa belleza, del estilo y la desenvoltura que da el conocer el lugar que uno ocupa en el mundo, es dinero. Él mismo, en un momento de amarga lucidez, lo expresa de manera contundente cuando dice que la voz de Daisy “suena a dinero”. Lo que ocurre es que, a diferencia de los burdas maniobras de Gatsby, es dinero muy bien empleado y dosificado, magistralmente gestionado para construir una fachada mucho más duradera e impenetrable de la suya, una fachada que comparte de manera cómplice un selecto grupo de personas que hacen de la exclusividad su fuente de glamour. Utilizo la palabra glamour en uno de sus sentidos originales: el hechizo que uno es capaz de proyectar para que los demás vean sólo un halo de belleza que oculte lo patéticos, vulnerables e incluso desagradables que podemos ser en realidad.


Gatsby intentó rodearse de ese glamour, pero su base era demasiado inestable, su devoción por su sueño, demasiado inquebrantable. Era un mentiroso en su superficie, pero auténtico en el fondo; sus oponentes sólo tenían de auténtico el disfraz en sí, la apariencia de riqueza estaba respaldada por los hechos. Sin embargo, en el fondo eran unos farsantes. Si nuestro protagonista hubiera renunciado a su sueño y se hubiera mantenido en su lugar, pescando a una heredera de medio pelo cuya familia le iría lavando hasta dejarse blanco, reluciente y respetable, tal vez, y sólo tal vez, sus nietos podrían llegar a conseguir lo que a él le estuvo vedado. Ahora bien, ¿realmente merecía la pena? ¿Realmente?