jueves, 19 de enero de 2017

Cuerpo de élite



Sinopsis:
Comedia de acción que nos presenta al Cuerpo de Élite, servicio secreto español. Tras la trágica muerte de sus miembros, el cuerpo recluta a un nuevo grupo de agentes que deberán dar con un loco terrorista que se ha hecho con una vieja bomba sumergida en la playa de Palomares (Almería) donde en 1966 un bombardero estadounidense que transportaba armas nucleares cayó sobre la costa del Mediterráneo. 

El final de esta película está ambientado en Nochevieja, de modo que fue adecuada para ver en las pasadas fechas navideñas, sobre todo si se quiere desconectar la neurona y reír con tópicos regionales, al rebufo de Ocho apellidos vascos. A veces suena a humor rancio, de aquellos chistes que oíamos en cassettes en los años 70 y 80. Lo que la salva es que los arquetipos están interpretados por actores con carisma, sobradamente conocidos por su procedencia televisiva. Precisamente se rumorea su paso a la televisión gracias al éxito de público. Veremos...



Llovió - Presuntos Implicados




Sigue lloviendo, aunque apenas nada en comparación con el diluvio de casi todo el día que ha impedido el mercado al aire libre de los jueves. Además, las bajas temperaturas han provocado que nieve en las cercanas montañas. En el pueblo no ha llegado a cuajar.

Siguiendo la temática, os dejo con esta nostálgica canción de Presuntos Implicados, una de las mejores bandas de los 90.




martes, 17 de enero de 2017

Un monstruo viene a verme



Sinopsis:
Siete minutos después de la medianoche, Conor despierta y se encuentra un monstruo en la ventana. Pero no es el monstruo que él esperaba, el de la pesadilla que tiene casi todas las noches desde que su madre empezó el arduo e incansable tratamiento. No, este monstruo es algo diferente, antiguo... Y quiere lo más peligroso de todo: la verdad.

Maliciosa, divertida y conmovedora, Un monstruo viene a verme nos habla de nuestra dificultad para aceptar la pérdida y de los lazos frágiles pero extraordinariamente poderosos que nos unen a la vida.

No he visto la taquillera película basada en esta novela. Quizás sea mejor porque así he podido emocionarme con este relato de tránsito entre la niñez y la madurez, cuando llega de golpe un dolor intenso que, a diferencia de los cuentos de hadas, no siempre tiene un final feliz. El monstruo que se le aparece al protagonista puede representar nuestra parte oscura, la adulta, la que queremos mantener a raya el mayor tiempo posible pero que acaba por brotar. No queda más remedio: hay que crecer, hay que evolucionar cual Pokémon.

La historia conmueve y atrapa tanto que la leí de una sentada. Cuando más adelante tenga oportunidad de ver la película, compararé y seguro que también me hará llorar.

La ciudad de las estrellas (La La Land)



Sinopsis:
Narra una tempestuosa historia de amor que se verá obstaculizada por el afán de triunfo de los protagonistas. Mia, una aspirante a actriz que trabaja como camarera, y Sebastian, un pianista de jazz que se gana la vida tocando en sórdidos tugurios, se enamoran, pero su gran ambición por llegar a la cima amenaza con separarlos. 

Teniendo en cuenta mi amor por los musicales y las críticas positivas de dos buenos amigos del blog, tenía que ver a la fuerza esta película, por si no bastaran sus múltiples premios múltiples premios. Los aspectos que quiero destacar son varios. Para empezar la atemporalidad de la historia y de las imágenes: de no ser por los teléfonos móviles, lo que se nos cuenta podría tener lugar en cualquiera de las décadas del siglo pasado o del presente, lo que nos recuerda también los títulos de crédito de al principio  y del final, ese glorioso cine en Cinemascope y Technicolor de los clásicos de antaño. Con ellos comparte también la elegancia en los números musicales, tanto de canto como de baile. El amor por el cine, la literatura, la música y cualquiera de los sueños que uno persigue y por los que vale la pena luchar, aunque no sé hasta qué punto, porque, sin querer destripar nada, parece ser que pueden ser incompatibles con la felicidad privada. Así, parafraseando al maestro Serrat, podría decir que "no hay nada más bello que lo que nunca he tenido".

Con todos los méritos, me duele decir que no es una película redonda, al menos a mí no me lo ha parecido, y raro es que disienta con tan ilustres voces que la sitúan en un altar. Entre unos números musicales y otros, lo mejor de la película, se declaman unos diálogos tópicos y sosos, a mi parecer. No me arrepiento de haber pagado por verla, pero tampoco ha llenado mis expectativas.


Sin menospreciar la labor actoral de Ryan Gosling, lo cierto es que este hombre no me hace ni fu ni fa, no logro conectar con él, quizá por eso no me ha acabado de convencer. Ya estaréis diciendo: esta Conchi, siempre con sus hormonas alteradas, que no disfruta de una película si no sale un tío que le gusta. Creo que a estas alturas puedo decir que no. Por ejemplo, me habría encantado que Tom Hiddleston hubiese hecho este papel porque le habría dado más alma. Repito que son suposiciones mías con las que nadie tiene que estar de acuerdo, por supuesto. Nada que objetar sobre Emma Stone y sus enormes ojazos que llena la pantalla de ilusión, de desencanto y de todos los las emociones que sabe destilar.

Os dejo con una crítica mejor pergeñada que la anterior, perteneciente al blog de nuestra amiga Nina:
https://ninapenya.wordpress.com/2017/01/15/la-la-land-o-la-nostalgia-hecha-cine/

De la centralita pública al Whatsapp




Os pongo un extracto del diario Información donde se comenta la evolución de las telecomunicaciones y hablan de mi paisana Dori, la que fue nuestra telefonista.

Las comunicaciones telefónicas han vivido una continua revolución en los últimos 20 años, hasta el punto de que el móvil se ha convertido en una herramienta básica para el día a día y, además, llamar a alguien ni siquiera es por lo general la principal acción que se realiza con el aparato. El reciente decreto por el cual el Gobierno obliga a Telefónica a encargarse del mantenimiento de las cabinas, después de que ninguna empresa quisiera optar al concurso público que se convocó, ha puesto de manifiesto hasta qué punto los teléfonos públicos son un elemento en claro desuso. No se trata ya únicamente de que prácticamente todo el mundo dispone de su propio móvil, sino que, además, las aplicaciones de mensajería instantánea o de entretenimiento y las redes sociales han dejado en un segundo plano las clásicas conexiones de voz.

Vivir ahora sin estas comodidades se antoja extraño, pero hasta hace relativamente poco el teléfono fijo era la principal forma de comunicarse de manera instantánea a distancia y, además, era un servicio caro que no todas las familias podían permitirse. Y tampoco hay que remontarse mucho más en el tiempo para llegar a la época en la que contactar no eran tan sencillo como marcar un número. Hasta bien entrada la década de 1980, en muchos lugares no era posible llamar directamente de un abonado a otro, sino que había que pasar necesariamente por centrales manuales.

En ese proceso existía una figura fundamental, la de las telefonistas. Eran ellas –había también algunos hombres, pero era un trabajo eminentemente femenino– quienes hacían posible que el emisor y el receptor de la llamada se pusieran en contacto. Para ello, el primero debía pedir a la operadora la comunicación –«conferencia» era el término exacto que se empleaba–; si era de la misma localidad, le bastaba con introducir una clavija. Sin embargo, si el destinatario era de otro lugar, debía conectar con otra central, y la mayoría de veces ésta hacerlo con otra, y así sucesivamente hasta llegar a contactar con el abonado solicitado.

Lo precario del sistema y la escasez de líneas provocaba que en ocasiones se tardara horas en establecer la llamada. Por eso, era habitual que las conferencias se pidieran con antelación, o se realizaran en la centralita local, dotada siempre de un locutorio público. En algunas localidades, sobre todo entre las más pequeñas, la centralita podía ser incluso el único teléfono existente. En estos pueblos, una sola persona se encargaba de prestar el servicio, que solía asignársele por alguna cuestión en particular.

Los recuerdos se multiplican en el caso de Dori Castelló, operadora en Agost hasta 1973 y que después siguió trabajando en el servicio de información telefónica en Alicante hasta 1999. Ese tiempo dio para un sinfín de anécdotas divertidas. «Me hacía mucha gracia lo que me preguntaban, pero claro, no podía reírme», señala. En 2008 las plasmó en un libro titulado «Memorias de una telefonista», lo que le permitió incluso ser entrevistada en televisión. El año pasado fue pregonera de las Fiestas de Agost, un reconocimiento máximo por parte de su pueblo que pone de relieve la importancia que en su momento tuvo esta figura profesional, y el recuerdo que dejaron muchas de las mujeres que desempeñaron este trabajo.

Can't stop the feeling - Justin Timberlake




Esta canción es del año pasado, lo sé, pero vi el vídeo ayer y me transmitió calidez en estos días de invierno. Quizás sea por eso de "I got that sunshine in my pocket". Además, por si la presencia del majete de Justin Timberlake no fuera poco, sale medio Hollywood también, los que doblan la película de animación Trolls.

Nada mejor para combatir el frío que bailar este Can't stop the feeling.

lunes, 16 de enero de 2017

Danzas infantiles



A mis tres princesitas vistieron con el traje típico de Agost para bailar las danzas infantiles que tuvieron lugar el sábado 7. Estaban para comérselas.


 Luna bailó con su amigo Borja, vecino de la calle donde me crié. Una pareja de diez, en aspecto y en estilo de baile.


 Preciosas también estaban Lucía y María, aunque sus actuaciones eran de un estilo más libre, aunque no por ello menos encantador.