miércoles, 20 de septiembre de 2017

Vampirs, friquis i tacons d'agulla





Sinopsis:
La família Carranza descobreix que pateix una maledicció centenària que afecta les filles majors de cada dues generacions. Gràcies a les investigacions històriques del pare, sabran que estan a punt de ser víctimes de l’atac d’un vampir que els ha jurat venjança eterna. A pesar de la desgràcia que suposa saber-se la sisena víctima, Lorena, una jove despreocupada i superficial, no pensa estar-se quieta esperant l’atac vampíric. Tampoc la seua germana, que intentarà que el destí no es complisca amb l’ajuda d’un company de classe molt friqui. Aconseguiran salvar-la?

Esta novela juvenil fue mi lectura del viaje de regreso de Extremadura. Combina elementos tan dispares como los que le dan título. También son diversos los tipos de narración, como diarios, documentos históricos, blogs, listados...
 
Curiosa la visión del feminismo que plantea en los personajes femeninos  y cómo evolucionan a lo largo de la historia.
 
El final se transparenta en el último tramo, pero no importa porque la lectura es ágil y entretenida.

La niebla y la doncella





Sinopsis:
No siempre las cosas son como parecen y a menudo, lo obvio no resulta ser lo real. Al sargento Bevilaqua, de la Guardia Civil, le encomiendan la tarea de investigar la muerte de un joven en la isla canaria de La Gomera. Todo apuntaba a Juan Luis Gómez Padilla, político de renombre en la isla, al que un tribunal popular absolvió a pesar de la aparente evidencia de las primeras pesquisas. El sargento y su inseparable cabo Chamorro intentarán esclarecer este embrollado caso, con presiones políticas y con la dificultad añadida de intentar no levantar suspicacias al reabrir un caso que sus compañeros daban por cerrado.


El miércoles pasado fuimos al cine a ver esta película, cuyas entradas me tocaron en un sorteo de internet. Aunque no hubiera sido así, tenía intención de verla de todas formas. He leído las nueve novelas de Lorenzo Silva sobre la pareja de guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, una saga que no tiene nada que envidiar a otras policiacas de la literatura europea que cuentan con repercusión mundial. Mi memoria cortoplacista, propia de un disco duro bastante repleto, me permite disfrutar del argumento como la primera vez, si bien es verdad que me iba acordando de algo conforme avanzaba el metraje. No puedo, pues, hablar de la fidelidad de la adaptación al cine. La película mantiene el interés aunque, por mero descarte, es fácil deducir el desenlace, lo que no resta mérito. Cuando leí la novela, aún no conocía la isla de La Gomera. Al ver en la pantalla lugares por los que había pasado, recordé la sensación claustrofóbica que me produjo la isla, con esos paisajes agrestes y las carreteras zigzagueantes que tanto agobio me daban.


En cuanto a las interpretaciones, con el respeto que me merece Quim Gutiérrez, no lo vi en el papel. Para mí, Bevilacqua tiene el físico, la voz y la prestancia de Roberto Enríquez. De hecho, la primera vez que lo vi fue en la adaptación de El alquimista impaciente. A partir de ahí, aparte de seguir su carrera, cada nueva novela de la saga que leía era con Roberto en mente, que ha ido madurando como el personaje. Que conste que esta apreciación no es fruto de mis hormonas, que Pedro me dijo lo mismo en cuanto acabó la proyección.



martes, 19 de septiembre de 2017

Menos / Más (II)



Mérida




El día 5 lo dedicamos enteramente a Mérida, ciudad romana fundación del emperador Augusto, que fue una de las más importantes del Imperio. Me emocionó conocer la antigua colonia Emérita Augusta, capital de Lusitania y pasear por lugares que existen desde hace dos mil años.




La primera aproximación a la ciudad fue con un tren turístico cuyo último vagón era accesible a sillas de ruedas. Nos vino de perlas para recorrerla a salvo del sol plomizo.




Erigido en el 8 a.C. como atestiguan las inscripciones halladas en sus tribunas, el Anfiteatro sirvió de escenario para espectáculos muy populares: los juegos de gladiadores, las cacerías de fieras y la lucha entre animales salvajes en escenarios artifíciales que recreaban bosques, selvas con lagunas o desiertos, todo ello sobre las grandes tarimas de madera que formaban la arena. La cabida aproximada de este coso gigantesco era de entre quince y dieciséis mil espectadores.



Llamadme tonta si queréis, pero estaba verdaderamente emocionada de contemplar un pedazo de Historia.



El Teatro fue construido ya en el 16-15 a. C., remodelado varias veces en los siglos I y IV. Poseía una magnífica escena, de mármol, dotada de elementos ornamentales y esculturas de alto valor. Existía un pórtico, con jardines y una capilla de culto imperial. El circo estaba próximo a los dos edificios de espectáculos aludidos. Tiene 400 m de longitud, 100 de ancho y había capacidad para 30.000 espectadores. Lástima que cuando fuimos se encontraban operarios preparando un acto del día de Extremadura, que sería el viernes siguiente, y por ello se ven esos elementos molestos.




El Templo de Diana en realidad se trata de un templo de culto imperial ubicado al fondo de una gran plaza. De ella se conservan aún lastras de mármol de su pavimentación así como los muros que la delimitaban, también los dos estanques que flanqueaban al edificio.





No podía faltar el Museo Nacional de Arte Romano, que, con sus colosales dimensiones, con el uso reiterado del arco de medio punto y con el empleo de ladrillo y hormigón,  recrea los grandes edificios de la tardorromanidad. En su interior podremos admirar una de las mejores colecciones de escultura romana y de mosaicos de la  península. A través de la visita a sus salas comprenderemos cómo funcionaba una gran ciudad romana y cómo desde ésta se administraba una vasta provincia, la más occidental del Imperio Romano. 



También visitar este Museo nos permite acercarnos a  los más variados aspectos de la vida diaria de los primeros emeritenses. Su cripta alberga, entre otros vestigios, restos de viviendas extramuros decoradas con interesantes pinturas así como algunos enterramientos.




De la ciudad más moderna, aquí estamos en la Plaza de España, con su fuente neobarroca de mármol de finales del XIX.




Alberga diversos edificios, como la Casa Consistorial.




O el Palacio de La China, abajo.

En resumen, me encantó Mérida. No me importaría volver en el futuro, aunque mejor sin tanto calor.