Estoy bastante
desanimada desde el sábado, cuando
la
silla defenestrada que se había podido recuperar gracias al cargador
supersónico volvió a hacer kaput. La ortopedia estaba cerrada y el dueño con el
móvil apagado. Le envié un sms y por fin pude hablar con él. Odio tener que
molestar a un profesional en fin de semana pues todo el mundo tiene derecho a
su descanso, pero no se me ocurría qué más podía hacer. El pobre señor de la
ortopedia se desplazó el domingo para prestarme de nuevo el cargador, en vano
esta vez ya que no
revivió.
Si cualquier día del
año me hubiese sentado fatal esta circunstancia, con más razón el sábado pasado
que tenía entradas reservadas para ver en San
Vicente a Luis Larrodera, a quien conocí en Madrid y al que prometí ver actuar
en su espectáculo de monólogos en cuanto se acercase por aquí. Incluso tenía
preparada una copia de la foto que nos hicimos para que me la firmara. Por muy
tontería que pueda parecer, me sentó fatal perdérmelo, pues es un encanto de
hombre, muy atento y considerado con sus seguidores de Facebook.
Estaba tan quemada que me volvió el insomnio y la ansiedad. Por fin
me he hecho a la idea y voy recuperando la salud mental. No así la corporal.
Veréis: me han prestado una silla manual que, no solo no me da independencia
(pobre de Pedro que me tiene que empujar) sino que, además, me produce dolor de
espalda, al no estar mi cuerpo acostumbrado a su estructura. Si a esto le
añadimos que, financieramente, no estoy para muchos dispendios, no se dan las
mejores circunstancias para irme de viaje como apuntaba Johnny. De no haber sido por su entrada, no habría comentado nada al respecto, que no me gusta causaros malestar por no poderme ayudar. Muchas gracias de todas formas.