
Sinopsis:
La serie gira en torno a Patty Hewes (Glenn Close), una todopoderosa abogada litigadora, que hará lo que deba hacer para administrar justicia sobre los corruptos. Eso sí, hará lo que deba hacer según su sistema de valores, creado por Patty Hewes al servicio de Patty Hewes. La secunda Rose Byrne, en el papel de Ellen Parsons, la recién "salida del horno" brillante discípula de la ley que siempre se encontrará en posición de decidir si la ética está por encima de la justicia o si es la ambición la que lo está.
El eje de la serie lo conforma la relación entre ellas dos, tanto en su vida profesional y privada como su similitud a la hora de establecer una escala de valores, planteando siempre la cuestión de cuánto se parecen ambas bajo la superficie, y si Ellen terminará siendo como Patty.

Desde el verano hasta estos días he visto las tres temporadas de
Daños y perjuicios (Damages), un absorbente rompecabezas con forma de thriller legal que esconde continuas sorpresas y engancha hasta el final del último capítulo. La serie sigue a Patty Hewes (Glenn Close), una elegante abogada que dirige con mano de hierro uno de los bufetes más poderosos de Nueva York. Se centra en lo que hacen los abogados estrella cuando bajan las escaleras de los tribunales, una intriga sobre la verdadera naturaleza del poder y del éxito en la que la mezquindad, las traiciones y la mentira dominan un mundo en el que todos tiene oscuros secretos que esconder.

Formalmente, la serie destaca por su habilidad para emplear flashbacks para incrementar el suspense. El guión teje con maestría dos tramas en dos tiempos diferentes que se cruzan, una anacronía que logra tener al espectador enganchado de principio a fin.
Sin embargo, el alma de la serie es la prodigiosa interpretación de Glenn Close, que encabeza el sobresaliente reparto de
Daños y perjuicios.
Ha creado una “mala” que ya forma parte de la historia de la
televisión. Siempre con la cabeza encogida entre sus hombros, siempre en
un plano más bajo que el de sus interlocutores, explotando hasta lo
indecible esa mirada glacial. Elegante, pausada en sus movimientos. Con
ese quitarse las gafas, esbozar una media sonrisa y clavar su mirada
cual depredadora acechante logra tenerte en vilo de principio a fin,
suspicaz hacia sus verdaderas intenciones. Impresionante su dicción,
grite o susurre, se muestre dócil y maternal, o sarcástica y vengativa,
siempre vocaliza y modula una voz cristalina. Un verdadero placer oírla
en V.O.