martes, 17 de febrero de 2026

Pillion



Sinopsis:

Colin, un hombre introvertido, se queda prendado de Ray, el carismático y atractivo líder de una banda de moteros que le toma como sumiso, dinamitando su rutina y cambiándole la vida.


Para empezar, tuve que enterarme del significado del título, que se refiere al asiento de atrás de una moto o a ir de paquete como diríamos por aquí. El que pilota la moto es un inconmensurable Alexander Skarsgård que nunca ha estado tan guapo ni tan buenorro. Da igual que su personaje nos resulte antipático desde el primer momento y cada vez despierte más odio conforme vemos cómo trata al pobre chaval  gay al que adopta como sumiso o más bien como esclavo. El acierto de su creación del personaje es que deja traslucir, aunque sea muy al fondo, cierta humanidad. 



Hay quien la considera el reverso de Babygirl. No estoy de acuerdo. El sumiso Harry Melling (el antiguo Dudley Dursley en las películas de Harry Potter) conmueve. Colin es como un polluelo, con una mirada intensa y un parloteo compulsivo. Es un placer verlo desarrollarse, descubriendo exactamente lo que quiere y cómo conseguirlo.

La película contiene escenas de sexo homosexual bastante explícitas para lo que es el cine estándar, lo que conlleva implícitamente la escasez de ropa. Aleluya. ¡Por el amor de Odín, cómo está ese hombre! Perdonad que me muestre un poco desatada, yo que ya pensaba que con la edad se me habían apagado ciertos instintos. Creedme si os digo que en ningún momento tuve tentación de mirar si me había entrado un whatsapp o alguna otra tontería en el teléfono.



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