Los componentes de este blog somos un grupo de amigos dispersos por el mundo que charlamos de lo divino y de lo humano. Desde el respeto y la buena educación, nuestras posturas coincidirán a veces, mientras que otras divergirán totalmente. Sin tratar de imponerlas a los demás, cada cual se responsabiliza de sus propias opiniones.
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Sed todos bienvenidos.
Julian Kaye es un antiguo escort que acaba de cumplir 15 años por un cargo de asesinato por la muerte de una antigua cliente.
Conozco la película original porque cuando se estrenó me encantaba Richard Gere y aquí interpretó uno de sus papeles más carismáticos y sexis. Tenía, pues, curiosidad por ver qué se hacía con esta serie aparte de la mantener la mítica banda sonora de Blondie, Call me.
La elección de Jon Bernthal ya me mosqueó por adelantado, ya que no le veía con la elegancia y el atractivo suficientes, pero se merecía una oportunidad. No la aprovechó, a mi juicio. La impresión que me me da es que se dedica (consciente o inconscientemente, no lo sé) a imitar a Richard Gere en gestos, medias sonrisas, caída de ojos, caminar,... Por ahí no va bien.
Para colmo, la historia está mal concebida y narrada, con innumerables flashbacks repetitivos que no aportan nada, solo relleno para los ocho episodios que con la mitad habrían sido bastantes.
Una pareja divorciada se une y viaja a Bali para intentar evitar que su hija, perdidamente enamorada, cometa el mismo error que creen que cometieron ellos 25 años atrás.
Durante los cuatro días de puente de finales de octubre, tuve tiempo para muchas cosas, sobre todo para reducir un libro poco el material audiovisual acumulado. De entre todo ello, nada especial, aunque por nombrar una película, diría Viaje al paraíso, la comedia romántica protagonizada por Julia Roberts y el George Clooney. Cierto que es que desde el principio se intuye cómo va a concluir, pero da igual. Lo que cuenta es la química entre los dos, cuya camaradería es palpable, y eso que la primera mitad del metraje parece una versión elegante de Matrimoniadas.
Aparte de esto, la película es un publirreportaje de Bali y sus bellezas paisajísticas, a la par de la hospitalidad de sus habitantes. No soy yo quien lo ponga en duda, pues no me he estado allí, pero ¿y los mosquitos? Seguro que son enormes y voraces, pero tampoco se habla de ellos para no disuadir a los posibles turistas. A mí no me engañan.
Aaron Carter, cantante y hermano del Backstreet Boy Nick Carter, ha aparecido muerto en su casa en Lancaster, California. Tenía 34 años de edad y según el medio TMZ, que ha ofrecido la primera información del suceso, se encontraba en el baño de la vivienda.
Allí es donde lo han encontrado, según la misma información, los servicios de emergencias, que han acudido tras recibir una llamada a las 11 de la mañana, hora local, con aviso de que un hombre se había ahogado en la bañera.
Los médicos solo han podido certificar su muerte y en la vivienda se han presentado también efectivos policiales, que han acordonado la entrada a la misma, y un equipo de homicidios para esclarecer las causas del trágico suceso. Un procedimiento habitual en este tipo de situaciones.
Por el momento, se desconocen más detalles sobre la muerte de Aaron, que desde hace tiempo pasaba una mala racha, a pesar de haber sido padre hace menos de un año: recientemente había perdido la custodia de su hijo Prince, que nació en noviembre de 2021, y había entrado en un programa de desintoxicación para intentar recuperarla. El propio cantante aseguraba que no había recaído en sus adicciones después de cinco años limpio, pero que lo hacía para prevenir lo que pudiese desencadenar que volviese a las andadas.
Entre problemas con su prometida, con la que rompió al poco de nacer su hijo para volver poco más tarde, problemas familiares (su hermana Leslie murió en 2012 por sobredosis de pastillas, su padre murió en 2015 por un ataque al corazón y con sus otros dos hermanos, Leslie y Nick, no se hablaba, entre otras cosas porque los acusó de violarlo de pequeño), sumado a su poco éxito musical en los últimos años (su negocio más lucrativo hasta la fecha era su cuenta de OnlyFans), lo cierto es que la vida de Aaron no pasaba por un buen momento.
La tarde del último día de octubre, tres Guapetonas y yo cogimos el autobús con destino a Alicante sin ningún plan establecido. Siendo Halloween, íbamos provistas de diademas alusivas e incluso Loli llevaba peluca. Nos dimos un buen paseo hasta la plaza del Ayuntamiento. Al lado se encuentra un hotel de la cadena Eurostars, de cinco estrellas, donde pedimos subir a la terraza. Había leído que tenía unas vistas bonitas. Lo cierto es que sí, aunque no tanto como las del hotel Gran Sol.
Pasamos el resto de la tarde paseando y viendo a la gente que disfrazada por las calles. Por supuesto, no faltó la merienda, a base de montaditos. Menos mal que el camarero demostró una santa paciencia y nos llevó la corriente. Qué risas nos echamos.
Jennifer Walters es abogada, soltera y algo tímida pero muy profesional. Su vida parece la típica de una chica en la treintena... excepto si se enfada. Si Jennifer se altera, se convierte en She-Hulk, una superheroína de 2 metros de color verde y con una fuerza sobrehumana. Tan solo su primo, Bruce Banner, alias Hulk, entiende su experiencia y la ayudará con sus transformaciones.
Las últimas series de Marvel basadas en personajes que no conozco me tienen desconcertada, no logro conectar con ellas. Esta en concreto es de lo más inclasificable, desde una comedia romántica con reivindicación feminista a una trama de abogados, pasando por luchas de superhéroes y supervillanos. Que la protagonista rompa a menudo la cuarta pared y se dirija a los telespectadores tampoco ayuda.
Menos mal que juega bien la carta de los cameos populares. Así, nos encontramos al Hulk de Mark Ruffalo, a la Abominación de Tim Roth, al hechicero supremo de Benedict Wong, o, mi preferido, el regreso de Charlie Cox como Daredevil.
No me ha entusiasmado, pero, si hay segunda temporada, creo que le daría una oportunidad.
Queralt Bonmatí, una joven barcelonesa de familia pudiente, aparece asesinada en un paraje idílico del Camino de Santiago. Había salido tres semanas antes de Roncesvalles, donde tuvo un incidente con un desconocido, pero esta es sólo una de las pistas que no ayudan a una resolución rápida. El subteniente Bevilacqua recibe del máximo jefe del cuerpo, el teniente general Pereira, el encargo de ocuparse de la investigación, dado el perfi l del padre de la víctima, Ferran Bonmatí, un expolítico y empresario vinculado al independentismo catalán que a su vez está en el radar de la justicia por sus oscuras actividades en apoyo del desafío al Estado.
Cómo he disfrutado de las quinientas y pico páginas de La llama de Focea, la última novela de Lorenzo Silva protagonizadas por Bevilacqua y Chamorro. Por favor, cuán maravillosamente escribe este señor. Por regla general, en una novela policíaca suelo tener el apremio de pasar página tras página para resolver el misterio. Aquí no. Aquí, no voy a decir que me da igual, pero no siento la prisa. Me recreo en las palabras sabias y reflexivas que salen de los labios y de la mente de Vila, un hombre sensato, un filósofo asequible, curtido en mil batallas, que procura evitar el desaliento. Qué acertados son sus análisis sobre la situación española en general y en aspectos específicos como el nacionalismo catalán en este caso. Me quito el sombrero.