A las razones anteriores se pueden añadir que existen lectores como estos:
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A las razones anteriores se pueden añadir que existen lectores como estos:
Días antes de la función de Las amistades peligrosas, me acordé de que por casa de mi madre habría un ejemplar de bolsillo de la novela, que compré poco después de ver la película. Si ya se me hizo bola entonces, ahora directamente no la leería, ya que tiene una letra diminuta. Me lo llevé al teatro y pedí a todos los actores que me lo firmasen.
La dedicatoria de arriba, la de Iván Lapadula. Abajo, Pilar de Castro, Ángela Cremonte, Lucía Caraballo y Carmen Balagué
Tras la función de Las amistades peligrosas, por supuesto que nos esperamos a que salieran los actores. El primero que apareció fue el joven Iván Lapadula, al que no conocía, y que fue tan amable como sus compañeros. Él estrenó los autógrafos, pero eso lo dejo para otro momento.
A continuación, apareció Pilar de Castro.
Las otras tres actrices, Ángela Cremonte, Lucía Caraballo y Carmen Balagué, salieron juntas. Ángela Cremonte, además, me dedicó y firmó su primera novela, Todos mienten a la noche, que ya comentaré. Se quedó muy sorprendida al verme con su libro. Contestando a mi pregunta, me comentó que tiene prácticamente terminado el siguiente.
Y, por último, nuestro Roberto. Enorme sonrisa al verme y dos besos. Como siempre, me preguntó si había podido ver bien la representación. Qué reguapo está, pofavó. No se puede ser más encantador, aunque la próxima vez quizás me evite, por lo que le hice trabajar firmando. Para despedirse, dos besos más, para mis amigas también. Así que comprenderéis que nos fuimos encantadísimas, sin importarnos que el tranvía tardase una eternidad. Luego Pedro nos recogió en San Vicente y, gracias a Dios, esta vez no se cayó, así que llegamos sanos y salvos a casa.
Sinopsis:
“Las amistades peligrosas”, obra de Hampton basada en la novela de Laclos, aborda temas de plena actualidad pese a su origen en 1782. Explora el abuso de poder, el consentimiento y la corrupción que permite al dinero comprarlo casi todo. A través de Valmont y Merteuil, figuras sin freno moral comparables a escándalos recientes, muestra cómo las élites manipulan impunemente a los vulnerables. La historia mantiene su vigencia al revelar el uso del amor y el sexo como armas poderosas.
Cuando llegamos al teatro a ver Los cuernos de don Friolera, Roberto Enríquez estaba en pleno ensayo, así que no se asomó por la salida de artistas. Quien sí lo hizo fue el actor Armando del Río, que yo no sabía que estaba sustituyendo a Nacho Fresneda. Por supuesto que me hice una foto con él.
Terminada la función, el personal del teatro nos permitió esperar a Roberto, que apareció camino a su camerino, aún con la ropa del personaje. Como siempre, estuvo encantador agradeciendo nuestra presencia y el cariño de tantos años. Le pregunté si vendría a Alicante con su Coriolano, a lo que me respondió que no, que ya se despedía en la última función en Málaga. Sí me dio más esperanzas para verlo en Las amistades peligrosas, pues aún no han cerrado todas las fechas. Así sea.
Sinopsis:
Barcelona, 23 de mayo de 1981. Han pasado tres meses exactos desde el intento de golpe de estado en el congreso de los diputados cuando once hombres encapuchados entran en la sede del Banco Central de Barcelona. Lo que comienza como un espectacular atraco pronto se convierte en un verdadero desafío para la reciente democracia española. Los atracadores tienen más de 200 rehenes en el banco y amenazan con matarles si el gobierno no accede a liberar al coronel Tejero y a otros tres responsables del 23F.
Aunque no tengo costumbre de pegarme una maratón, en una tarde me vi los cinco episodios de la miniserie Asalto al Banco Central. Qué curiosa es la memoria: entre dos poderosos acontecimientos de 1981, como el 23F y la llegada al gobierno de Felipe González, no me acordaba del atraco que en principio reivindicó un grupo para liberar a Tejero y los golpistas, y luego resultó por motivos económicos, con trasfondo político turbio que nunca se confirmó.
Leo quejas de que se compara con La casa de papel. Para empezar, no deberían haber contado con tres actores de aquella, como Miguel Herrán, Hovik Keuchkerian y Fernando Cayo, que me encantan, aunque no tanto como Roberto Enríquez, que interpreta un papel secundario.
Con todo, la serie tiene acción y está entretenida.
Sinopsis:
La llegada de un invitado inesperado desestabiliza las Jornadas Poéticas que cada año reúne en un aislado convento del noroeste peninsular a distintas tendencias de la poesía española. Durante un acelerado fin de semana, mientras los poetas escriben, recitan y se vigilan, persiguiendo un premio dorado, una sospecha de plagio, la batalla por la presencia en una futura antología, la irreverencia de un rapero, el cumpleaños de un poeta centenario, unas setas venenosas, los imprevistos cruces sexuales y el despertar de amores tardíos culminarán en una noche tormentosa...
Os conté que había leído Ávidas pretensiones con la intención de ver esta película. No la vi en cine porque no se estrenó en ninguna sala cercana, así que he tenido que esperar a que estuviera en plataformas. Bueno, tampoco me había perdido gran cosa.
Siendo una película sumamente coral, la participación de mi querido Roberto Enríquez es mínima; de hecho, apenas se le ve en el tráiler. Una lastima, con lo guapo que sale. Cuando leí la novela, no imaginé que fuera el papel del ciego egoísta el que representaría. Tampoco es que el resto de personajes se salven, cada cual más rastrero.
Aunque no tiene que ver con la película en sí, hay un aspecto que me ha llamado la atención. Un personaje es un señor muy mayor que utiliza una silla de ruedas eléctrica como la mía cuando el escenario principal es un pazo repleto de escaleras y escalones por todas partes, totalmente impracticable para sillas de ruedas. No me lo explico.
Sinopsis:
Tras un atentado, Santi es tomado como rehén por Hamza, el único terrorista superviviente. Un giro inesperado intercambia los papeles y Santi se convierte en una bomba humana caminando por la Gran Vía de Madrid con un chaleco cargado con explosivos. Los servicios de inteligencia, emergencia e incluso los medios de comunicación, unirán fuerzas para salvarle la vida en un impresionante despliegue de medios con consecuencias inesperadas.
El viernes por fin volví al cine, que ya me apetecía tras unas semanas en que la cartelera no me ofrecía nada interesante.
Aunque a priori cualquier película dirigida por Daniel Calparsoro me llama la atención, porque es garantía de entretenimiento, acción y buena trama, aquí tenía el atractivo añadido de la presencia de mi querido Roberto Enríquez, al que hacía mucho tiempo que no disfrutaba en pantalla grande. Aun no siendo un personaje protagónico, deja su impronta con su saber hacer.
El protagonista lo encarna Luis Tosar impecable y emotivamente. Viendo sus últimos papeles, parece el mayor gafe de la historia, que todo le pasa a él, pobrecito.
La película tiene reminiscencias de Speed en unos cuantos detalles y de Abre los ojos con las escenas en una Gran Vía madrileña exenta de tráfico y viandantes. Supongo que la cerrarían de madrugada para rodar, de ahí que la luz no sea muy clara aunque se supone que transcurre a mediodía, fallo que detecté.
El tema del terrorismo nos resulta próximo a los españoles, por desgracia, aunque ahora el mundo entero no está exento de esa lacra.
Sinopsis:
Narra la historia de Alejandro Montecristo, un misterioso empresario que irrumpe en la escena pública y suscita preocupación entre la élite mundial ya que nadie conoce de donde viene y el origen de su fortuna. Montecristo es el fundador y director ejecutivo de una nueva empresa tecnológica que ha despertado la envidia y el interés de muchos, entre ellos, Fernando Álvarez Mondego, un empresario relacionado con la aristocracia española que quiere adquirirla. Lo que Fernando no sabe es que Montecristo es alguien a quien conoció hace décadas y que la razón de su repentina aparición es la venganza.
He terminado los seis episodios de la miniserie Montecristo, revisitación del mito creado por Alexandre Dumas, esta vez ambientada en la actualidad. La esencia está ahí, qué duda cabe; lo demás, no lo tengo tan claro, pues no recuerdo el final de la novela.
Edmundo Dantés es el cubano William Levy, sabedor de su físico privilegiado que muestra y exhibe a la menor ocasión. Que no es que me queje, pero me cansan las escenas de sexo prescindibles. Una de sus némesis, Fernando Mondego, es mi querido Roberto Enríquez, que aporta clase y solera al proyecto a pesar de ser el antagonista. Sin que me ciegue la pasión, que sale guapísimo, es lo mejor de la serie.
Con cierto regustillo a culebrón, las escenas de acción son muy mejorables, especialmente las luchas cuerpo a cuerpo. Como son pocos capítulos, no cansa y se ve con el mismo interés que otras superproducciones extranjeras de mayor presupuesto.
Sinopsis:
Un pirata informático que se infiltra en el Vaticano. Una iglesia barroca, en Sevilla, que mata para defenderse. Tres pintorescos malvados que aspiran a mantener viva la copla española. Una bella aristócrata andaluza. Un apuesto sacerdote-agente especialista en asuntos sucios. Un banquero celoso y su secretario ludópata. Una septuagenaria que bebe Coca-cola. La tarjeta postal de una mujer muerta un siglo atrás. Y el misterioso legado del capitán Xaloc, último corsario español, desaparecido frente a las costas de Cuba en 1898. Con esos ingredientes, Arturo Pérez-Reverte construye una ingeniosa, compleja y fascinante trama novelesca.
Sinopsis:
La joven Clara Belmonte comienza a cocinar para Diego, Duque de Castamar. Esto cambiará la vida de ambos, que tendrán que luchar contra uno de los grandes obstáculos de la época para estar juntos: la diferencia de clases, además de hacer frente a la sed de venganza de Enrique de Arcona.
Por fin he terminado de ver esta maravillosa serie. Al mismo tiempo que tenía tantas ganas de llegar al duodécimo y último capítulo como pena por despedirme de los personajes que me han cautivado.
Mi relación con ellos comenzó con el anuncio de la adaptación a la televisión de la novela de Fernando J. Múñez. Como os conté, pedí el libro a la biblioteca y me sumergí en los vericuetos del ducado de Castamar en tiempos de Felipe V.
Por mucho que me enamoró la lectura, ya sabéis de lo floja de mi memoria. Aunque algunos detalles se me escapaban, lo cierto es que, para mi sorpresa, recordaba casi todo, incluso las diferencias entre la novela y la serie. Reconozco que las subtramas suprimidas y las añadidas enriquecen la narración televisiva.
Respecto a esta, es un primor la puesta en escena, con unos escenarios naturales e históricos, como el palacio de Boadilla del Monte, los bosques de El Escorial, en Madrid, y el monasterio de Lupiana, en Guadalajara, y el mimo en la recreación de vestuario, peluquería, decoración,... Nada hay que envidiar a producciones de la BBC, por ejemplo, que son el referente.
Para completar el panorama, el excelente trabajo actoral de todo el elenco, protagonistas y secundarios. Entre estos últimos, la encantadora valenciana Paula Usero como la doncella del mundo de los de "abajo". De los de "arriba", mi querido Roberto Enríquez encarnando al duque de Castamar.
Uno de los éxitos de la temporada, bien merecido.
Regé-Jean Page
Roberto Enríquez