El jueves 15 fui a una actividad organizada por COCEMFE. Se trataba de un viaje a la Luna. Virtual, evidentemente. En un sitio muy céntrico de Alicante se ha montado un recinto para juegos y experiencias que se ven a través de unas gafas, o más bien un casco, de realidad virtual. Se ven y se experimentan porque el grado de realismo asombra. Imaginaos veros convertidos en un avatar que presencia la misión del Apolo XI desde el entrenamiento de los astronautas hasta la llegada a la Luna y el posterior regreso.
Es una caña, de verdad, y perdonad la pobreza de vocabulario al explicarme, pero es que no sabría poner en palabras la sensación que se vive. La inmersión es tal, que una señora de mi grupo se agobió y pidió salir. Yo lo gocé como nunca. Tanto que hasta los diecisiete euros que era la entrada para personas con discapacidad y que a priori me había parecido un precio excesivo, al final lo encontré adecuado.
El inconveniente fue que en mi grupo había cuatro sillas de ruedas y no era difícil que chocásemos unas con otras. Sin ningún peligro, todo hay que decirlo. Supongo que no lo pensaron con anterioridad y aprendieron de ello después, ya que el grupo siguiente se dividió en dos para evitar el susodicho problema.
Allí vi que hay una experiencia similar pero centrada en el Titanic. Por supuesto que me pica la curiosidad y no tardaré en ir a disfrutarla.



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