jueves, 1 de diciembre de 2016

Hospitalizada





Como os avancé en la entrada anterior, hace unos días tuve una recaída a raíz de un catarro. Mi médica de cabecera me recetó un antibiótico pero no mejoraba. Al contrario, me ponía cada vez peor así que la madrugada del 17 al 18 de noviembre me desperté porque me faltaba aire y le pedí a Pedro que se vistiera para llevarme a urgencias. No quería que se repitiera el mismo episodio del año pasado. En el centro de salud de aquí me pusieron oxígeno y otra medicación. Mejoré pero ligeramente, de manera que el médico llamó a una ambulancia para que me llevase al Hospital General de Alicante. En un box de allí, entre pruebas y más pruebas, me pasé todo el viernes 18, que para más inri era el aniversario de relación con Pedro, nada menos que 16 años. Por la noche me ingresaron en una habitación y el fin de semana continuaron los análisis. Al fin el lunes llegó el neumólogo que me conoce y  me puso un tratamiento más adecuado. La hospitalización, que tendría que haber terminado en unos tres o cuatro días, se prolongó hasta este lunes 28. 

Los que habéis estado hospitalizados sabréis lo dura que es la vida en una habitación que parece la celda de una cárcel. Si no mata la la enfermedad, mata el aburrimiento, por no hablar de la cantidad de pinchazos, sueros, inhaladores, pastillas,… Y lo pésimo de las comidas que se sirven: quizás no sean tan malas pero con la enfermedad no le hallaba el sabor a nada. Me llevé el ordenador para poder leer o ver alguna peli pero los primeros días me pusieron una máscara tan grande que impedía usarla con gafas, de manera que no veía ni torta. Al cabo de unos días me cambiaron esta máscara por la que yo uso, que por cierto tuve que traérmela desde casa porque no tenían. Y ya podía ver la televisión. Pero, amigos, primero había que pagar, lo que me parece una vergüenza tremenda. La televisión es un medio de pasar mínimamente entretenidas las horas eternas que se hacen en el hospital. 

Entre lo mal que me sentía y lo horrible de la cama, estrecha y dura, tan diferente a la mía propia, las noches eran una tortura también. De todas maneras no lo pasé tan mal como la vez anterior. O sea, que debería dar más las gracias lugar de quejarme tanto.

Me encuentro bastante mejor, qué duda cabe, pero tengo las secuelas de una afonía muy fuerte que me impide trabajar, así que estoy de baja, con el subsiguiente perjuicio económico para mi bolsillo.  Por si las desventuras no fueran pocas, hay que añadir que este año me he quedado sin el tradicional fin de semana en Madrid acompañando a las Amas de Casa. Ya tenía animada a  Carolina para coincidir como en años anteriores y asistir a alguna representación teatral. Podéis decirme que otra vez será, que lo importante es la salud, no os lo discuto, pero el disgusto tampoco me lo quita nadie. Tras esta dosis de autocompasión, os dejo deseándoos lo mejor en este diciembre que acaba de empezar.

2 comentarios:

Nina Peña dijo...

Lo importante es que ya estás en casita, recuperándote en familia, que es mucho más agradable y fácil de llevar. Cuídate mucho esa afonía y recupérate pronto del todo para poder estar tan a tope como siempre. Un besazo cielo. (Nos hablamos ya sabes por dónde, jejeje)

Johnny dijo...

Cuídate mucho. Todos mis mejores deseos para ti, que todo vaya a mejor. Te quiero mucho!!!!