La actual guerra en Irán y el conflicto en Oriente Próximo han provocado un incremento drástico en el precio de los combustibles durante marzo de 2026
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La actual guerra en Irán y el conflicto en Oriente Próximo han provocado un incremento drástico en el precio de los combustibles durante marzo de 2026
Sinopsis:
Txékhov és el gran contista rus i un dels imprescindibles de la literatura universal. Però potser per la vastíssima extensió de la seva obra, que afavoreix aproximacions parcials, se’l coneix poc o sota punts de vista diferents: hi ha molts txékhovs i cadascú té el seu. Vicenç Pagès Jordà va preparar aquesta tria de trenta-cinc contes, que ha traduït esplèndidament Xènia Dyakonova i que constitueixen l'antologia més nodrida i representativa de l'autor que s'ha publicat en català. Llegir aquests contes en ordre cronològic permet resseguir totes les etapes creatives de l’autor, la transformació dels seus interessos, la maduració del tema i del to. Hi figuren uns quants dels seus contes més coneguts, però no n’exclou d’altres que exploren línies que no va prosseguir. I entre el primer conte i l’últim dels que va publicar, s’obre tot el ventall de temes i textures de l’art narratiu de Txékhov.
El jueves 12 me desplacé a la Universidad de Alicante donde tenía tertulia del club de lectura sobre una recopilación de cuentos de Chéjov. No conocía de primera mano (o de primer ojo) al autor y me ha gustado su aproximación a la sociedad rusa del siglo XIX, desde los campesinos más míseros hasta la clase alta afrancesada. El autor observa, expone, pero no juzga, lo que es de agradecer.
El problema mío con los cuentos es que se trata de un género que no acabo de disfrutar. Eso de sumergirme en una historia, pasar una página y encontrarme con algo muy distinto me descoloca. Así que, cuando termino un relato, prefiero dejar el libro y leer otro diferente. Luego regreso al anterior, leo otro cuento y repito el proceso.
Mis compañeros del club son aplicados y traen notas de la lectura. Yo no, por descontado: huyo de lo que suponga deberes y obligaciones. De lo que me acuerde, bien; de lo que no, tampoco sería tan importante. Hasta ese punto llega mi vagancia.
Sinopsis:
José Luis Torrente, siempre convencido de ser un héroe nacional de España pese a su ineptitud, es persuadido para meterse en política y, con su estilo vulgar, demagógico y lleno de ocurrencias, logra convertirse en líder de un partido populista.
El martes fui al cine a ver Torrente presidente. No pongáis caras raras, que las anteriores también las vi. Me hacen curarme en salud para no caer en el grupo de los "ofendiditos" por tonterías. Además, confío en el olfato de Santiago Segura, que ha abandonado temporalmente el cine familiar para recuperar su versión más gamberra.
En esta entrega, José Luis Torrente aprovecha el desencanto social para lanzarse a la carrera política. La película funciona como un espejo deformante de la España actual, como (perdón por la comparación) los de Valle-Inclán en Luces de Bohemia, tocando temas como la polarización, las redes sociales y la corrección política. No se casa con ninguna ideología; reparte estopa a derecha, izquierda y centro por igual. No me ofende su racismo, su homofobia, su desprecio por las personas con discapacidad, porque es un garrulo quien piensa así y, por desgracia, cierta parte de la sociedad: no entiendo, pues, que haya quien ondee la bandera de los límites del humor.
El caso es que me divertí en el cine, con la cantidad de cameos y con la sátira política.
Siguiendo su labor didçactica, Alberto nos presenta otra banda ochentera que yo no conocía.
Burning In Love es el segundo sencillo del álbum debut homónimo de la banda de rock canadiense Honeymoon Suite, lanzado en 1984.
Fue escrita por el guitarrista de la banda, Derry Grehan. La canción alcanzó el puesto número 75 en las listas de éxitos de Canadá (RPM) y el número 47 en la lista Billboard Mainstream Rock de Estados Unidos.
Es un tema representativo del arena rock y AOR (Album Oriented Rock) de los años 80, destacando por su potente solo de guitarra y teclados melódicos.
Aquí tenéis el video musical oficial dirigido por Rob Quartly que ayudó a popularizar el tema.
El miércoles 11 era fiesta local en Agost, por lo que las Amas de Casa organizaron una excursión a Lorca, en la vecina comunidad murciana. Íbamos con la esperanza de que saliese bien, ya que hemos cambiado de agencia de viajes y teníamos confianza en que nuestras asociadas estuvieran contentas. Y se consiguió, por fortuna.
El día anterior estuvo lloviendo en Agost sin parar, noche incluida, y paró poco antes de la salida del autobús. Aunque Lorca nos recibió con el cielo algo encapotado, no tuvimos que usar chubasqueros ni paraguas. Antes de llegar, paramos en un área de servicio donde la guía nos ofreció empanadas, magdalenas, agua y vino. Era un chica muy pizpireta, ideal para el trabajo, desde preguntar en todos los sitios que visitamos por la accesibilidad para mí hasta enseñar coreografías de baile a las señoras.
Yo había estado en Lorca en una excursión de las Escuelas de Adultos de la comarca. Fue el 11 de marzo de 2004, justamente veintidós años antes. Recuerdo la fecha porque fue el desgraciado 11M, el día de los atentados islamistas en Madrid. Estábamos visitando la ciudad y nos llegaban noticias de gente que entraba a los bares y salía espantada de las imágenes de televisión. De los sitios que visitamos entonces no recuerdo apenas nada, lo que no me importa, ya que disfruté del Museo Arqueológico, el palacio de Guevara, el Museo de Bordados del Paso Blanco y el resto del casco antiguo, declarado Conjunto Histórico Artístico en 1964.
Para redondear la fiesta, comimos de categoría en un restaurante de La Hoya, seguido de baile para bajar la abundante comida. En el viaje de regreso, la guía repartió a todos botellas de aluminio con el logo de la empresa. Todo un éxito.
Cada vez me interesan menos los premios Oscar. De hecho, en su momento vi las dos películas más galardonadas y no me motivaron lo suficiente como para escribir una reseña. ¡Con lo que yo he sido!
Sinopsis;
Es difícil encontrar a alguien que te dé trabajo sin preguntar demasiado sobre tu pasado. Así que le agradezco al universo que, milagrosamente, los Garrick me hayan dado empleo limpiando su impresionante ático con vistas a todo Manhattan y preparándoles comidas sofisticadas en su inmensa cocina. Puedo trabajar aquí durante un tiempo, ser discreta hasta conseguir lo que quiero.
Teniendo reciente el visionado de la película de La asistenta, el primer libro de cuatro, me decidí a leer el segundo, animada porque no es demasiado extenso.
Sigue la misma estructura del anterior: la primera parte está narrada en primera persona por la protagonista; la segunda, por la antagonista; en la tercera, vuelve a retomar la voz la asistenta para contarnos la resolución del conflicto que cada vez es más enrevesado y peligroso para ella. Por cierto, en la primera parte plantea una especie de misterio que se ve a la legua de qué se trata. Punto negativo. También cansa un poco que repita situaciones y pensamientos, supongo que con la intención de llenar páginas y que no se le quede la historia de demasiado corta.
En efecto, es más floja que la anterior, lo que no me va a disuadir de leer los otros dos que quedan y que ya os comentaré.
Sinopsis:
Valentín, un preso político, comparte celda con Molina, un escaparatista condenado por escándalo público. Surge un vínculo entre ellos mientras Molina relata la trama de un musical de Hollywood protagonizado por su diva favorita, Ingrid Luna.
Por esas redes enredadas me encontré con una nueva versión de El beso de la mujer araña. Recuerdo que en su día me impactó la novela de Manuel Puig, así como la posterior adaptación cinematográfica protagonizada por William Hurt y Raúl Julia.
Venciendo la pereza inicial que me daba una posible repetición, la descargué para verla. Nada más leer que el director era Bill Condon, el de Chicago, me dio buena espina. Sin perder la carga política y emotiva del original, me encontré con una maravillosa película musical con unos números de baile, coreografía y ambientación que me retrotraen a los gloriosos títulos del género de los años cuarenta y cincuenta, con una Jennifer López ejerciendo de diva y convenciendo, aunque admito que no es santo de mi devoción. Es la protagonista de las ensoñaciones que un desconocido y maravilloso Tonatiuth Elizarraraz le cuenta al siempre sólido Diego Luna para hacerle más llevaderas las noches de presidio, idea que inspiró también la serie Las noches de Tefía.
Mi amiga Loli ha sido doblemente abuela en el periodo de tres meses: su hija Paula dio a luz a Jade en octubre del año pasado, mientras que Aurora, la niña de su otra hija, María Dolores, nació en enero de este año. Para festejar la doble felicidad, tuvo el gran detalle de invitarnos a comer.
Pero esa no fue la única alegría, porque Paquu, otra guapetona, tenía una maravillosa noticia que compartir: su hija María Inés está embarazada, así que para el otoño volveremos a ser tías abuelas postizas.
Brindamos por las chiquitinas y, cómo no, por nosotras, mujeres de bien, que hemos sabido conservar y fomentar la amistad desde hace décadas. ¡Y lo que nos pudimos reír! Intentamos tomarnos con humor los cada día más numerosos achaques de salud. ¡Qué remedio!
Rock Myself to Sleep, este tema rockero ochentero que nos trae hoy Alberto,está interpretado por la banda canadiense April Wine, desconocida para mí. Fue escrito por Kimberly Rew y Vince De La Cruz, miembros de la agrupación británica de rock Katrina and the Waves. Aparece originalmente en el álbum Walking Through Fire, publicado en 1985 por Aquarius Records y Capitol Records en Canadá y el resto del mundo respectivamente.
A pesar de la promoción que se le realizó a este sencillo, así como al álbum en general, no consiguió entrar en los listados de popularidad, tanto en Canadá como en los EUA.
El jueves 5 estuvo casi todo el día lloviendo, justo e día en que la Asociación de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios de Agost celebraba la anual comida de hermandad en conmemoración del Día de la Mujer. Parece que las circunstancias meteorológicas disuadieron a algunas compañeras de asistir, pues había bastantes sillas vacías. No las culpo, que en otras circunstancias yo habría hecho lo mismo.
Como secretaria de la Asociación, me correspondía estar en la mesa de la directiva, a lo que me negué, que estoy bien a gusto con mis Guapetonas que me atienden de maravilla. Allí, entre plato y plato, estuvimos dándole a la sin hueso, y eso que al día siguiente nos volveríamos a reunir.
La nueva directiva homenajeó con sendos ramos de flores a la presidenta y a la tesorera salientes por su dedicación durante los muchos años anteriores. También las socias de noventa años o mayores recibieron una rosa de parte de la Asociación.
Yo creo que todo transcurrió bien, aunque seguro que más de una sacará faltas para criticar.
Sinopsis:
Hace cinco años, dos niñas de once años, Ana y Lucía, desaparecieron en Monteperdido, un pueblo del Pirineo aragonés. Tras una extensa búsqueda, el caso nunca se resolvió y los vecinos quedaron marcados por la tragedia. Ahora, una de las niñas, Ana, ha regresado. Las autoridades se volcarán con el caso para encontrar a Lucía, pero los habitantes de Monteperdido, incluso las familias de las niñas atrapadas en sus secretos y mentiras, no se lo pondrán nada fácil a los investigadores. Algo tienen claro: el monstruo está entre ellos y los agentes iniciarán una caza que pondrá en peligro sus propias vidas.
Mi amiga Nati me recomendó esta serie, que se puede ver en RTVE Play y en Netflix. Aunque en su día se emitieron en La 1, no las vi porque la cadena no me merece confianza de que mantenga día y hora de emisión. Menos mal que ahora existe la televisión a la carta.
La serie responde a dos tópicos que se han puesto de moda últimamente: la mujer investigadora que guarda secretos de tiempos pasados que le afectan a la salud mental, y la comunidad estrecha que apela a lo de pueblo pequeño, infierno grande.
Secuestros, desapariciones, leyendas y rituales ancestrales, y adolescentes que albergan secretos que resolverían los misterios si abrieran la boquita.
Un reparto sólido, una trama que mantiene la tensión y los magníficos paisajes que me recuerdan cuando estuve en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido en 2018.
Sinopsis:
Mi trabajo es mentir, pero contigo no voy a hacerlo. Respeto demasiado tu inteligencia.
O quizás es el miedo a la muerte inminente lo que hace que te diga la verdad.
A ti no voy a mentirte, aunque vas a observarme mentir a otras personas.
Te garantizo que no has visto nunca nada igual.
Tenía mucha ilusión de enfrentarme a las 680 páginas de la nueva novela de mi admirado Juan Gómez-Jurado, independiente del universo de Reina Roja.
Con muchas ganas me pongo a leer Mentira y, para empezar, me crea ansias de revisitar las películas clásicas que menciona, que me gustan casi todos los géneros cinematográficos excepto el wéstern.
Sigo leyendo y de pronto me percato de cómo me la ha colado, que me estoy zampando un wénstern (que diría Arturo González-Campos) con todas las de la ley, que me parece estar en medio de un Yellowstone asturiano. Se lo perdono porque es Juan y porque sé que me queda medio libro apasionante que seguiré devorando.
Si aquel universo se expandía en el espacio, aquí se concentra en pocos metros cuadrados, los suficientes para albergar una aldea aislada por la nieve, y ya se sabe que pueblo pequeño, infierno grande.
Este infierno está congelado, lo que no lo convierte en menos angustioso, que el autor consigue traspasarnos el helor y el dolor de la protagonista. Por fin, de manera realista, no como los héroes machirulos que siguen combatiendo a los malos tras recibir palizas, navajazos y balazos.
Acción y misterios aparte, y no es que los desdeñe, quiero recalcar la forma como los cuenta: Gómez-Jurado alcanza la maestría en la expresión escrita y es una delicia recrearse en su narrativa más concienzudamente pensada y elaborada que nunca, merecedora de una segunda y una tercera lectura..