jueves, 20 de octubre de 2022

El señor de los anillos: Los anillos de poder

 


Sinopsis:

En un periodo de relativa calma, los personajes se enfrentan al resurgimiento del mal en la Tierra Media. Desde las profundidades más oscuras de las Montañas Nubladas hasta los majestuosos bosques de Lindon, el impresionante reino insular de Númenor y los confines más lejanos del mapa, estos reinos y personajes esculpirán legados que perdurarán en el tiempo.


Confieso que no se me ha perdido nada en la Tierra Media y no se me caen los anillos (chistaco) por admitirlo. Me consta que estoy en minoría y que me miran como a un bicho raro cuando confieso mi nula atracción por el universo tolkiniano. 

La historia de mi falta de entusiasmo por los mundos de Tolkien podría haber sido distinta si un día de septiembre de hará más de una veintena de años no me hubiese encontrado en la antigua biblioteca local a un amigo de mi sobrino que iba a devolver El señor de los anillos e insistió en que me lo llevara yo asegurando que me iba a encantar. Mala época septiembre, con el principio de curso en la facultad y los nervios propios derivados de ello. Me llevé el libro, en efecto, pero no conseguí avanzar, no me enganchó y abandoné a las pocas páginas con la intención de retomarlo al verano siguiente, cosa que no hice. Ni aquel verano ni nunca.



Décadas después conocí a Pedro, amante de la literatura fantástica y, por ende, lector de Tolkien. Se empeñó en ir al cine a ver ESDLA y accedí con el ánimo de, si me entusiasmaba, volver a los libros. Pues no, que no me entraba, no sé por qué. La parte de medianos y elfos, pasable (menos mal que estaba Viggo Mortensen), pero cuando empezaban las batallas, los orcos, etc., me desesperaba. Para colmo, ¡mi churri se durmió! ¡Encima de que voy al cine por él, va y se me duerme! Ya me tenéis dándole codazos para que despertase porque, si se ponía a roncar, nos echaban de la sala, fijo, os lo aseguro.

Masoca de mí, volví al cine a ver las otras dos partes. Al acabar El retorno del rey, le pregunté a mi costilla: “¿Sabes lo que más me ha gustado? ¡Que es la última!”. A lo que en aquel 2003, casi una década antes, Pedro sacó su vena profética y respondió: “No te creas. Algún día rodarán El hobbit”.



Aquí salió la Escarlata O’Hara que habita en mí. De un rebote le solté: “¡Pues no pienso verla!”. No llegué a decir lo de “A Dios pongo por testigo” pero ese era mi propósito. Y a día de hoy, lo había cumplido. 

Aun así, quise dar una oportunidad a la serie, ajena a la absurda polémica de si hay elfos de piel negra. Y no, no he conseguido conectar tampoco. Que conste que he visto los ocho episodios mientras Pedro echaba alguna que otra cabezadita. Si en el futuro hay una segunda temporada, que no cuenten conmigo a priori. 


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