viernes, 26 de agosto de 2011

Conan, el bárbaro

Sinopsis:
El bárbaro más legendario de todos los tiempos regresa este verano. Tras haber prosperado y evolucionado durante ocho décadas consecutivas en el imaginario colectivo – en prosa e ilustrado, en la gran pantalla y en la pequeña, en juegos y en todas las formas y propiedades imaginables – las hazañas de Conan en la Era Hiboria cobran ahora vida como no se habían visto jamás en una colosal película de acción y aventuras en 3D.
Una búsqueda que comienza como una vendetta personal para el feroz guerrero cimerio no tardará en convertirse en una épica batalla que lo enfrentará a descomunales rivales y horrendos monstruos. Contra toda esperanza de victoria, Conan se dará cuenta de que es la única posibilidad de salvación de las grandes naciones de Hiboria frente a la invasión de un mal sobrenatural.


Gracias a una promoción del centro comercial de San Vicente, teníamos la posibilidad de ir al cine por 1 € cada uno. Casi por descarte (habíamos visto buena parte de la cartelera bajada de la red) entramos a ver “Conan, el bárbaro”. Además, a Pedro le encanta el cine fantástico y el que dos sesudas cinéfilas como Mari Pau y una servidora calificamos “de matar y degollar”. Y yo, como abnegada y sacrificada compañera me pliego a los deseos de mi amado. ¿Que él quiere ver “Conan” aunque a mí no me guste? Me aguanto y lo acompaño. ¿Ha colado? Ya me temía que no.

Lo confieso: me pone Jason Momoa. Curiosamente, no me suele agradar ese tipo de musculosos con físicos agresivos, pero las excepciones son la sal de la vida. Al hawaiano ya le había echado el ojo en la serie Juego de tronos, que aún no os he comentado, donde su Khal Drogo es casi o más salvaje que el propio Conan.


Me centro en la peli. A pesar de mi memoria de pez, normalmente empiezo a recordar a medida que voy viendo algo por segunda vez. De la de Chuache recordaba poco, pero lo que veía no me sonaba de nada. Al final, Pedro me tranquilizó diciéndome que el argumento de una película se parecía al de la otra como un huevo a una sardina. Eché de menos al niño Jorge Sanz, tan mono entonces, que nada se parecía a Arnold; de adulto, porque no ha madurado nada bien, se le asemeja más. ¿Y esa Nadiuska, musa lúbrica de los adolescentes de la transición? Tampoco. Ni los paisajes de Almería, sustituidos por fondos de videojuego. Lo que sí hay es tal profusión de sangre, cráneos chafados y miembros amputados que hace que Espartaco parezca Heidi. Puede que exagere un poco. De sexo, menos: unas cuantas tetas al aire y un plano fugaz del culo de Jason Momoa. He leído que no actúa. ¿Se le suponen muchos matices a una máquina de matar sedienta de venganza? Porque otra cosa no parece. En fin, lo cierto es que está muy buenorro el muchacho, mi único aliciente durante la proyección.

1 comentario:

Johnny dijo...

Al cine no la pienso ir a ver, me esperaré a que llegue al club de video. En su momento hace años, Conan fue un hit, pero nunca fue de mis favoritas (y no sabía que había escenarios españoles y menos que el niñito era el actor que mencionas, que si lo recuerdo en alguna seri o peli de allá).