martes, 11 de diciembre de 2012

Querida amiga Sònia




El otro día hice limpieza de trastos y me topé con una agenda con números de teléfono de otrora amigos y amigas a los que he perdido la pista hace más de diez años. Había algunos que ni me sonaban; por el resto sentía curiosidad de saber qué sería de ellos. Con los buscadores de ahora y las cacareadas redes sociales, seguro que a unos cuantos los localizaría. Por otra parte, sin embargo, pensé que, si la amistad se fue diluyendo con el tiempo, por algo sería, por mi parte o por la suya. Así que no sabía qué hacer, si dejarlo quieto o meneallo para cantar aquello de “Ay cómo hemos cambiado, qué lejos ha quedado aquella amistad”.

Opté por aparcar la lista masculina y buscar a dos amigas catalanas con las que mantenía correspondencia. Incluso las llegué a conocer personalmente: a la de Sitges la visité cuando estuve allí y la de Blanes vino a pasar unos días en casa. De la primera, ama de casa, sin hijos, diez años mayor que yo, vi que conservaba el mismo nº de teléfono. De la segunda, dos o tres años menor que yo, profe de inglés, no encontré nada por la red y me extrañó porque fue de las primeras en meterse en internet en aquellos tiempos. En alguna tarjeta de Navidad esporádica me daba su correo electrónico, al que raramente respondía, al igual que su nuevo nº de móvil, y me contaba cómo seguía, si trabajaba o estaba de baja a causa de la temida depresión.

En fin, llamé a la primera y me pareció que se alegraba de oírme, que más de una vez se había preguntado qué sería de mí. Hablamos poco ya que estaba preparando la cena y quedé en llamarla otro día por la mañana para charlar con más tranquilidad.

De la segunda solo conservaba el nº fijo de casa de sus padres, así que llamé para que me facilitaran el fijo de su piso (seguro que lo tengo en otra agenda perdida) u otro para contactar con ella. Contestó su madre. Al preguntar yo por Sònia, noté unos segundos de incómodo silencio, quiso saber quién era yo. Me presenté y comenté que era amiga de su hija de hacía años y que me gustaría retomar el contacto con ella. “Siento mucho decirte que mi hija Sònia murió hace tres años, en abril de 2009”, me comunicó. Si me pinchan, no me sacan una gota de sangre. Tras expresarle mis más sentidas condolencias, no sabía si atreverme a preguntar por las circunstancias de su fallecimiento. Que Dios me perdone si pensé mal pues me vino a la cabeza un suicidio causado por la depresión o un desequilibrio químico no tratado. Opté por preguntar si había sido un accidente. No. Al parecer, la esperaban para comer; ante su tardanza, el padre fue al piso de ella y se la encontró muerta en cama. La señora no me dio más explicaciones ni yo se las pedí por no ahondar en su pena. Pero me sigue rondando que estuvo relacionado con el mal uso de pastillas. Para colmo, la mujer continuó contándome que hacía tres meses que se había quedado viuda, que su marido había sufrido un infarto conduciendo, y que ella no tardaría en seguir sus pasos. Sabiendo que era tarea imposible intenté animar a la señora, al menos la dejé hablar. Cómo se sentiría de sola (tiene dos hijos varones que llevan sus propias vidas) que me dijo que la llamase cuando quisiese.

La foto que veis fue la última que Sònia me envió con fecha de 4 de abril de 2007, acompañada de un hermano y su sobrino, celebrando un trofeo del Barça.

Descansa en paz, querida amiga.

5 comentarios:

márian dijo...

Sabes que mantuve correspondencia con ella y que alguna vez te pregunté por si sabías algo...me has dejado...te puedes hacer una idea. Hace mucho que me habría puesto en contacto con ella de haber encontrado el modo. Cuando vi la foto, estaba pensando en que me dieras su nuevo correo creyendo que estaba felizmente casada y con ese hijo al menos, ¡ vaya chasco !. Espero que pueda sentir nuestra pesar para hacerla ver que para nosotros fue muy importante en su momento y que habría seguido siendo si no hubiese desaparecido de nuestras vidas mucho antes de su accidente y por supuesto, de nuestro deseo. Creo que ella pensaba que no la apreciábamos debidamente, pero no por nuestra culpa, sino por la suya. Cosas de la autoestima, tan perjudicial.
Sabes Conchi, que no rezo, pero esta noche me dormiré pidiendo que esté en el Hogar de los Buenos y Humildes, donde espero se haya encontrado con mi mamá y todas las buenas personas, que como ella, ya no están entre nosotros.
Sonia, te apreciaremos siempre como la buena amiga que fuiste y seguro que ni Conchi ni yo, entre muchas otras personas, no te olvidaremos mientras estemos en este lugar, hoy más cruel que ayer. Sí, descansa en paz, querida.

maria esther dijo...

Me he quedado muy impresionada por lo de vuestra amiga.Yo ni siquiera sabia de su existencia.Nunca habia oido hablar de ella.Descanse en paz.

Johnny dijo...

Descanse en paz, se nos adelantan en el camino y se reunen con los que ya nos dejaron. Aún sin conocerla, todos los que hemos pasado por una pérdida sabemos que la sensación de lo que pudimos haber hecho o dicho nos deja un corazón estrujado y un sabor amargo en la boca. No se irá siempre que permanezca en sus mentes y corazones.

Mari Pau dijo...

Descanse en paz, yo apenas me acuerdo porque sólo la vi creo que una vez cuando vino con Conchi. Muy bonita foto en homenaje a ella.

márian dijo...

María Esther, Sonia fue una amiga epistolar con la que tanto Conchi como yo mantuvimos un contacto epistolar durante bastante tiempo, hace unos años. Por aquel entonces, internet no existía para mí, prácticamente. Para mí, ha sido un gran golpe pues ha sido muy inesperado, y desde que tuve noticia de ello, me ha entristecido mucho. Nadie merece morir, Sonia con aún menos motivos que muchos.