viernes, 9 de julio de 2010

Visita de Carolina


Del 3 al 6 de julio, durante las fiestas de Moros y Cristianos, tuve el placer de recibir la presencia de mi amiga, de nuestra amiga Carolina. No se perdió ni un acto de las fiestas, desde la despertà con trabucazos, el desfile, la embajada, la procesión hasta el castillo de fuegos artificiales. Compartió comidas con mi familia en la casa de campo y cenas con mis vecinos de enfrente. Asimismo la llevé a ver el recital del Trío Costablanca en la Plaza de España, que, aunque son de la localidad alicantina de Crevillente, cantan boleros y rancheras, por lo que nos acordamos de Johnny. También nos acordamos de él en otra excursión que relataré más adelante.

En la foto de arriba estamos Carolina y yo con Mari Pau y su marido Vicent en la heladería Ramonet, muy cerca de mi casa.
En la central, con Luna vestida de sevillana y mi hermana Mari Loli.
Abajo, cenando en la calle con los vecinos.
Querida Carolina, las puertas de mi piso están abiertas para cuando decidas regresar. Lo mismo os digo al resto de mis amigos.

2 comentarios:

Johnny dijo...

Bellas fiestas y me alegra mucho que te hayas acordado de mi y espero con ansias la otra ocasión en que te has acordado también de mi. La heladería es la misma en que estamos en una foto de hace años? Gracias por el ofrecimiento y en un futuro cercano quiero llevarte a mi mujer y mis hijas para que te conozcan. Saludos.

carolina dijo...

Lamento haber tardado tanto en comentar esta entrada, pero, como ya he comentado a Conchi, corro serio peligro de ser sepultada entre la avalancha de libros comprados y donados que me toca catalogar, para colmo en solitario (vacaciones, ya sabéis)
Ha sido para mí un placer visitar de nuevo a nuestra amiga y bloguera, volver a ver a su familia y conocer a Mari Pau y a Vicente. Me gustó mucho las explicaciones que me dieron sobre cómo hacían el vino y ver el mucho amor y dedicación que emplean en su finca. Igualmente, disfruté de la visita al alfar del hermano de Conchi.
Y qué decir del desfile de moros y cristianos. Pasmada me he quedado con tanto despliegue de suntuosidad y de participación popular, pues en Cantabria, salvo quizá en las Guerras Cántabras y en algunas fiestas como el Juicio en el Fondo del Mar, apenas tenemos nada semejante.
La visita al Museo Arqueológico de Alicante puso un buen broche final a mi pequeña escapada, que espero repetir en cuanto pueda, aunque me gustaría que antes Conchi y Pedro pudieran pasarse por Cantabria, pues tengo muchas ganas de enseñarles la tierruca.