lunes, 24 de septiembre de 2007

Hairspray





El género musical no admite medias tintas: o despierta pasiones u odios. Los que me conocéis sabéis que pertenezco al grupo de los fans. A pesar de ello, nunca se me ocurriría recomendar esta película ni ningún otro musical a cualquiera que no comparta mi afición.



Salvado este preámbulo, tras ver Hairspray salí del cine entusiasmada por tal explosión de optimismo, vitalidad y colorido en una comedia blanca para todos los públicos pero con guiños adultos y con un final tal feliz como inverosímil. ¿Y qué más da?



La moraleja, no en exceso empalagosa afortunadamente, defiende el respeto y el amor a la diferencia, sin importar el color de la piel o los kilos de más en la báscula, todo ello en números musicales frescos y divertidos enmarcados en la estética de los 60: sin duda, el uso y el abuso de la laca del título en esos años, junto al revival del cardado de los 80, es el principal causante del agujero de la capa de ozono.



La joven protagonista es toso un hallazgo por su simpatía, naturalidad y soltura al cantar y bailar.
Entre los papeles adultos no puedo dejar de destacar a John Travolta: hay que tener los bemoles bien puestos para aparecer, envuelto en capas de látex, travestido en una marujona bienpensante acomplejada por su sobrepeso. Travolta sabe reírse de sí mismo y de sus kilos de más y volver al género musical donde lo conocimos.
Mensaje para José Ángel: Michelle Pfeiffer borda un papel nada simpático y sigue tan maravillosa como siempre. No obstante, las mujeres tenemos un lugar donde ni maquillaje ni líftings pueden disimular el paso del tiempo: las manos.



En resumen, me lo pasé pipa en esas dos horas y os aseguro que Hairspray no faltará en mi colección cuando salga en DVD.

No hay comentarios: