jueves, 13 de octubre de 2011

Tócala otra vez, Sam

Sinopsis:
“Tócala otra vez, Sam” constituyó el primer gran éxito de Woddy Allen. Fue saludada por la crítica especializada de los Estados Unidos con gran alborozo y calificada como “una delicia”. Para muchos especialistas, marca el punto de perfección en lo que deben ser las comedias divertidas.
La obra se lleva al teatro de la mano de Tamzin Townsend que dirige magistralmente a María Barranco, Luis Merlo, José Luis Alcobendas, Francisco Nortes y Beatriz Santana.

Allan es un crítico de cine que mantiene conversaciones imaginarias con Humphrey Bogart. Cuando su esposa le abandona, sus amigos Frank y Linda tratan de ayudarle a encontrar pareja, con resultados en general desastrosos.

Poco a poco descubrimos que Linda es realmente la única persona que puede entenderse con el neurótico Allan… solo que es la mujer de su mejor amigo.


El domingo fui al Teatro Principal a ver esta obra. La programación del primer semestre del Principal es bastante interesante y me gustaría asistir a casi todos los espectáculos. Como, económicamente, la vaca no da tanta leche, me limito a elegir dos o tres que considero imprescindibles. Entre ellos, no podía faltar volver a ver a mi querido Luis Merlo, actorazo de pro que lo mismo consigue que te salten las lágrimas de pena que de risa. Afortunadamente, esta vez se trataba de una comedia pura y dura que, pese a su apariencia, también dejo un poso de reflexión y amargura a poco que se profundice en ella. Como muestra de los desesperados intentos del protagonista por ligar, aquí queda este diálogo:

Allan: - ¿Qué haces el sábado?
Ella: - Suicidarme.
Allan: - ¿Y el viernes por la noche?


El título hace referencia a una supuesta frase que equivocadamente se atribuye a los diálogos de la mítica película Casablanca y que, dicha como tal, realmente pertenece al film Una noche en Casablanca de los Hermanos Marx.

Quizás estamos hablando de una de las obras que contiene el mayor número de frases ingeniosas y diálogos brillantes del teatro mundial, que Luis Merlo borda, no sé cómo consigue articular tan rápida y claramente, a mí se me enredaría la lengua. Es una sucesión de gags al más puro estilo del genial Woody Allen que no deja, como es habitual en él, nada sin remover, centrándose en el amor y el desamor visto por el más divertido de los perdedores.

Como no había partidos de liga, no me costó demasiado convencer a Pedro de que me llevara y me acompañara. En fin, que nos reímos y pasamos muy buen rato, todo un logro en estos tiempos.


1 comentario:

Johnny dijo...

Me encanta el teatro pero me pasa igual que a ti, a veces no dan tanta leche las vacas y nos quedamos con las ganas de disfrutar un par de horas de un espectáculo ya sea drama o comedia.