miércoles, 14 de noviembre de 2007

¡Feliz 50º cumpleaños, Mortadelo y Filemón!


Mortadelo y Filemón llegan a sus bodas de oro trabajando en lo mismo. Las narices más prominentes del cómic español cumplen 50 años. Y han recurrido a retoques estéticos, pero de la pluma de Francisco Ibáñez.

Poco más ha cambiado en la esencia de los agentes Mortadelo y Filemón desde que vieron la luz en el tebeo Pulgarcito en 1958, meses después de que Ibáñez terminase su primera historieta. Uno recibió su nombre por ser alargado y fino como una mortadela; el otro, por un filetón.
Mortadelo y Filemón han participado en Juegos Olímpicos y Mundiales de Fútbol. La inestabilidad laboral no les ha afectado, y aún trabajan en Técnicos de Investigación Aeroterráquea, la T.I.A. Allí comparten desventuras con el superintendente Vicente – El Súper– y el profesor Bacterio, cuyos artefactos provocan numerosos desastres. El toque femenino lo aporta la fortachona secretaria Ofelia, que bebe los vientos por Mortadelo.

Los de mi generación hemos crecido con ellos, leyendo tebeos, que no cómics como prefieren llamarlos ahora. Los tebeos de antaño eran el equivalente a los videojuegos. Quizá no seamos tan diestros en manejar botones como los chavales de hoy, pero seguro que se nos da mejor la ortografía por haber leído y disfrutado de las peripecias de estos personajes, junto a otros que ya forman parte de nuestros referentes generacionales.

2 comentarios:

Mari Pau dijo...

Conchi, creo que los tebeos eran humor entrañable, mientras que la mayoría de los videojuegos son violencia pura y dura

carolina dijo...

Felicidades a todos los personajes de Mortadelo y Filemón. Ese cómic (lo siento, prefiero ese término a tebeo) encarnó como pocos la imagen de la chapuza y el esperpento nacional, del quiero y no puedo que era este país en los años sesenta y setenta, donde campaban la cutrez y la represión (ejemplificada por esas viejas de cara avinagrada y los loqueros siempre prestos a cazar a todo aquel que se comportara de una manera "anormal"), pero donde sin embargo existía una especie de paz social y de urbanidad. Han logrado atravesar el tiempo y las transformaciones que han ocurrido aquí sin perder su personalidad y sin dejar de hacernos sonreír.
Felicidades, pues.